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El artista, el hombre, y su creación

Desde siempre la realidad del hombre-individuo que todo artista es se ha entrecruzado con, ha contaminado a, y hasta ha perturbado la creación  artística de él nacida. Esta reflexión me surge a partir de la lectura que el pasado día 31 de diciembre hice del excelente artículo que el suplemento Ideas del diario “EL PAÍS” reproducía del publicado días antes en inglés por Claire Dederer en The Paris Review Daily. El artículo en cuestión apareció en la revista francesa con el título “Love and Trouble” y en el diario español el traductor M. L. Rodríguez Tapia le puso otro mucho más llamativo: “¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?”.

Se centra la articulista en si es ético, moral, legítimo… alabar la creación artística de aquellos hombres que en su vida privada transgreden, fuerzan o violan principios de comportamiento que nunca deben quebrantarse. Cita una serie de nombres que cabría incluir en un posible listado de infractores: V. S. Naipaul, Roman Polanski, Richard Wagner, Sid Vicious, Woody Allen, Norman Mailer, Caravaggio… Luego se pregunta si sólo los hombres formarían parte de esta lista ignominiosa; y concluye que no, que quizás y en sentido lato también cabría incluir a algunas mujeres (Silvia Plath, Joan Crawford, Anne Sexton…) pero que ni de lejos alcanzarían en número al de sus compañeros; además, dice, la transgresión femenina es en muchos casos una agresión que no sale de la propia persona que la ejecuta mientras que la masculina habitualmente afecta a otros.

Habida cuenta del monumental escándalo desatado tras la denuncia de no pocas estrellas de Hollywood de haber sufrido abusos por parte de Harvey Weinstein y otros influyentes miembros de la industria, la autora del artículo centra su reflexión en dos reconocidos creadores cinematográficos que aúnan, en su opinión, la condición de ángeles y diablos: Roman Polanski y Woody Allen. A los dos atribuye la condición de monstruos si bien es a Woody Allen a quien, por su condición de ultramonstruo (así lo califica), dedica el grueso de su artículo.

Hero_Portrait-love-and-troubleNo voy a entrar aquí a resumir el artículo de Dederer pues está disponible en la red (pinchar aquí) y recomiendo vivamente su lectura íntegra. Sólo diré que el debate que plantea es magnífico e interesante por demás pues lanza al aire preguntas nunca resueltas: ¿La biografía particular anula el valor universal de la Obra de arte?, ¿Toda Obra sublime enraíza con algo miserable en origen?, ¿Sólo debemos castigar materialmente al hombre miserable no consumiendo mientras viva la obra producida por muy valiosa artísticamente que ésta sea?, ¿Debe el público consumidor marcar el paso de la oca ante los Creadores y su Obra?, ¿No es esto algo demasiado peligroso al ser simplificador y excesivamente uniformador?, ¿No es el artista, por definición, un ser atípico, diferente, provocador e incluso subversivo?, ¿Existen parcelas de creación en las que no se admite tal subversión?…

Son preguntas todas ellas por demás interesantes y muy pertinentes hoy en el mundo en que vivimos. un mundo que erige y derriba ídolos con una facilidad pasmosa. Al respecto recuerdo ahora mismo la feroz crítica que sufrió Günter Grass, intelectual alemán militante del partido socialdemócrata muy crítico con los sistemas autoritarios en especial con el comunista existente en la Alemania del Este. Günter Grass fue distinguido en 1999 con el Premio Nobel de Literatura y el Príncipe de Asturias; a lo largo de su vida fue doctor honoris causa por infinidad de universidades, etc. Todo era dado por bienvenido hasta que en 2007 el propio escritor hablase en “Pelando la cebolla“, su autobiografía, de que a los 17 años formó durante unos meses parte de las Waffen-SS, unidad militar alemana de élite del régimen nazi. Con esta confesión llegó el escándalo y quienes hasta ese momento calificaban de excelentes las obras del autor de “El rodaballo” cambiaron radicalmente de criterio y echaron del Olimpo de los creadores al autor y sus obras. ¿Es justo esto?, ¿Es lo que corresponde hacer?, ¿Si no lo hago me hago cómplice de la maldad que en el propio artista se denuncia?…

Para finalizar diré que Claire Dederer ejemplifica el grueso de su crítica contra Woody Allen con “Manhattan“, el film, junto a “Annie Hall“, mejor considerado del cineasta. Se pregunta la articulista si por conocer la biografía de Allen (acostarse con su hija adoptiva y luego casarse con ella, o los abusos que la niña Dylan dijo haber sufrido por parte de Allen) debo de renunciar a degustar esa obra maestra que es ‘Annie Hall‘. Y en cuanto a ‘Manhattan’, el hecho de que el film plantee dilemas morales límite y que en cierto modo vengan a coincidir con lo que en la vida real ha hecho o dicho el creador del film ¿inhabilita absolutamente el producto por muy maravilloso que éste sea?

El artículo, ya digo, es magnífico y nadie que guste del Arte debería perdérselo. Su final es brillante por perturbador: nos coloca frente a nuestro propio espejo cuando entre las muchas actitudes que hemos ido viendo se pueden adoptar ante la obra artística creada por un monstruo la de condenarle a él y su obra sin paliativos -se pregunta la escritora- ¿no podría ser una manera de curarnos en salud?: “No me miren a mí, no hay nada que ver. Yo no soy ningún monstruo. En cambio, fíjense en ese tipo de ahí fuera

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Libros de Política

aprendiz de hombre de Torrente BallesterÚltimamente he topado en dos ocasiones con referencias al escritor Gonzalo Torrente Ballester, ya fallecido. La primera fue en Facebook donde alguien en uno de esos grupos sobre libros y/o lecturas que frecuento hablaba del inesperado encuentro que en una mesa de viejo había tenido con un libro de la antigua enseñanza media firmado por el autor gallego. Se trataba de “Aprendiz de hombre”, aunque yo en un principio lo confundiera con otro de mismo signo, destinado también a niños estudiantes de bachillerato elemental, pero de distinto título y autor. Lo confundí con “Vela y ancla” que en 1961, mismo año que el anterior, firmara Eugenio de Bustos Tovar. Mi segundo encuentro con don Gonzalo ha sido hoy, al leer, en la cafetería a la que por las mañanas acudo a tomar un refrigerio, un artículo del diario ABC de 27 de julio firmado por Ignacio Sánchez Cámara titulado como el libro de marras. Lo he leído con gusto y ha despertado en mí no pocos recuerdos y reflexiones.

En el capítulo de recuerdos debo consignar el de haber sido niño transportador de semejantes mamotretos a la par que alumno silente de las pesadas lecciones de F.E.N. (Formación del Espíritu Nacional) que un profesor nada preparado para ello nos endilgaba en la oscura escuela de mis once o doce años. Era FEN, junto a la Educación Física, la Religión y el Dibujo, una de las materias tenidas por “marías” en mi casa pues mi padre siempre creyó que lo importante para la vida era tener conocimientos de historia, ciencias o matemáticas y que la ideología política y religiosa poco o nada iban a aportarme en el futuro. Lástima que el Dibujo lo colocase en la misma cesta. El caso es que no erraba en demasía don Eduardo (mi padre) pues los profesores de estas cuatro ‘marías’ eran docentes sin preparación especial y por lo tanto de escasa exigencia: para el Dibujo bastaba con poner un botijo sobre la mesa del profesor y que los alumnos lo dibujasen; y para la Gimnasia (así era como llamábamos por entonces a la Educación Física) con organizar unas carreras y unos partidillos la cosa iba sobrada.

¿La Religión y la FEN? ¡Ay, amigo, aquí el Estado se había exprimido algo más el magín! Para la Religión cualquier cura enviado por el obispado era suficiente pues lo que había que dar, fundamentalmente, era doctrina; y para la FEN tiraban del cuerpo de la Falange donde, dentro de la incultura que caracterizaba al Régimen, recalaba alguna que otra mente preclara. Es el caso de los autores de estos dos libros de texto de los que no recuerdo más que sus portadas, su voluminoso continente pero nada, absolutamente nada, de lo que en ellos se decía. El artículo de Ignacio Sánchez Cámara ha despertado mi curiosidad por volver a hojearlos, en especial el de Torrente Ballester, dado que el articulista sobre él dice textualmente, entre otras muchas cosas, lo siguiente:

Se trataba, permítaseme el empleo del pasado, aunque el libro sobrevive a la devastación del tiempo, de una antología de textos, agrupados bajo los siguientes epígrafes: Convivencia, Modos de relación humana, Autoridad y libertad, El trabajo y La persona. […] Se sucedía un rosario de textos, nacidos del amor al hombre y la devoción a España, seleccionados e introducidos por Gonzalo Torrente Ballester. Entre otros, Aldecoa, el anónimo autor del Myo Cid, Calderón, Cela, Cervantes, Eva Curie, Chejov, Chesterton, Dostoyevski, Esquilo, Fustel de Coulanges, Gobineau (no lo omitiré, con un texto sobre Miguel Ángel), san Isidoro de Sevilla, Kipling, Laín Entralgo, Manuel Machado, Azorín, Gabriel Miró, Ortega y Gasset, o Papini, Pérez Galdós, Platón, […] Quevedo, Rubén Darío, Sánchez-Albornoz, Shakespeare, Sófocles, Spengler y Alphonse de Vigny.

Cierto es que no recuerdo para nada que el profesor correspondiente nos leyese  o comentase alguno de esos textos (¡lástima!), pues en gran medida aquellos docentes poseían un nulo nivel e interés cultural. De ahí que, como tantas veces sucede y ha sucedido en España, se pusieran en manos de patanes unos libros que no alcanzaban a comprender dado que les superaban en mucho. Ellos con eso de Familia, Municipio y Sindicato daban por cubierto el expediente.

Vela y ancla de Eugenio de BustosSobre los autores de estos dos volúmenes diré que conocí personalmente a ambos en mi calidad de alumno de la Universidad salmantina durante los ya muy lejanos años setenta del siglo pasado. Los dos tuvieron fuerte relación con la Falange, más Torrente Ballester que Eugenio de Bustos. Es fácil que al segundo le llegase el encargo vía Antonio Tovar, reputado falangista, quien desde 1942 había sido catedrático de latín en la Universidad de Salamanca y luego Rector de la misma desde 1951 a 1956, permaneciendo unido a la ciudad castellana hasta 1963 si bien años antes abandonó España por disconformidad con el Régimen de Franco. Eugenio de Bustos también estuvo unido a la institución universitaria salmantina a la que arribó procedente de la Universidad de Barcelona el año 1969. Fue, precisamente durante la década de los setenta, curso 72-73 cuando en la Facultad de Filosofía y Letras tuve la fortuna de, en la materia “Historia de la Lengua española“, ser alumno de Bustos Tovar, catedrático de la misma. Más tarde, ya en el año escolar 75-76, tuve oportunidad de hacer el curso de posgrado que en teoría capacitaba de pedagogía suficiente para impartir docencia en institutos de Enseñanza Media, con don Gonzalo Torrente Ballester que recién acababa de llegar a Salamanca desde su Galicia natal como Catedrático de Lengua y Literatura españolas del Instituto de Bachillerato “Diego de Torres Villarroel” de esa ciudad. De ambos profesores: de su inmensa sabiduría, su bonhomía, afecto y simpatía guardo un gran recuerdo que el artículo de marras me ha hecho revivir.

Desde la altura de mis años, desaparecidos ya estos dos sabios (Eugenio de Bustos en 1996 y Torrente Ballester en 1999) que como cualquier persona junto a enormes aciertos incurrieron en algunas equivocaciones (quizás estas colaboraciones puedan calificarse de tales), no puedo por menos que lamentar el que hoy día cuando se intenta formar ciudadanos en los niveles de la educación obligatoria, los diseños curriculares de las asignaturas a tal objetivo destinadas (Ética, Educación para la Ciudadanía, Valores éticos, o como quiera que se las denomine) utilicen textos y opiniones en las que prima la ramplonería, la vulgaridad, cuando no un decidido afán de manipulación débilmente escondido en no se sabe bien -y sí se sabe bien- qué extemporáneas, provincianas e insolidarias ideologías. Frente a las palabras rotundas, fuertes, universales, totales, de un Cervantes, un Chejov, un Aldecoa, un Esquilo, un Pérez Galdós, o un Quevedo, de las que echaba mano don Gonzalo, se prefiere hoy tirar de falaces lemas propagandísticos y/o falsificaciones históricas remedo de aquellas empleadas durante esos oscuros años y que hoy con tanta razón criticamos.

Tendencias temáticas

Es claro que cada época arrastra unos temas o siente predilección por unos argumentos. Últimamente, en el campo de la escritura literaria sea ésta de ficción o no, por todas partes, en cualquier lugar donde ponga mis ojos lectores, un asunto sobresale por encima de otros. Me refiero a los abusos sexuales sufridos durante la infancia.

Aunque esta reflexión la dejo circunscrita al campo de la escritura es evidente que también –y mucho- el Cine los trata: Últimamente, la excelente película “Spotlight” dirigida por Tom McCarthy que se alzó con el Óscar al mejor film en la edición de este año; ya más lejos en el tiempo, en 2008,  “La duda” de John Patrick Shanley (autor de la obra teatral, guionista-responsable de su adaptación y director del film). Ambos filmes plantean el tema de la pederastia en un contexto eclesiástico.

Pero volvamos a la literatura. Hay obras como Instrumental de James Rhodes, que nacen casi como terapia superadora del terrible trauma que este pianista inglés sufriera durante su niñez. Es espeluznante leer la brutalidad que hubo de soportar el niño de cinco años que él era cuando comenzó a sufrirlos; abusos que duraron hasta al menos los diez años de edad.

Sin salir del terreno de la realidad, en una entrevista televisiva escuché hace poco al periodista, directivo empresarial y novelista Juan Luis Cebrián confesar a su entrevistador que él en el colegio madrileño del Pilar sufrió abusos sexuales. Esta confesión, al tratarse de un personaje ya más mediático, trajo a mi cabeza los nombres de otros hombres y mujeres populares que dicen asimismo haberlos sufrido: La cantante Kesha a manos de su manager, la ‘vigilante de la playa’ Pamela Anderson a los seis años de una niñera, la rapera Queen Latifah y las actrices Ellen Degeneres y Teri Hatcher de su entorno más cercano. Algunos sufrieron auténticas tragedias, como la actriz y presentadora estadounidense Oprah Winfrey, que fue violada desde los 9 años por un primo y un tío y a los 14 vio morir a su bebé. Y hay más casos.

El asunto ha entrado de lleno en la novela de ficción pero no como solía hacerlo antes, de manera velada y sugerida, sino declaradamente y frecuentemente como justificación del comportamiento del personaje adulto. Es lo que sucede, por ejemplo, en Tan poca vida, la celebrada primera novela de Hanya Yanagihara, donde el enigmático personaje de Jude esconde en su interior una niñez de violencia y abusos sexuales; también el último relato de Víctor del Árbol presenta a un duro y bronco comisario policial, Germinal Ibarra, al que la violación que sufriera a los diez años a manos de un hombre mayor viene a justificar su carácter esquivo, bronco y reservado. [reseñada en “El blog de Juan Carlos“, mi blog principal].

Juan Luis Cebrián con Jordi Evole

La mayoría de las veces es la pederastia ejercida sobre niños la que más presencia tiene en los relatos. Diríase que la sufrida por el sexo femenino, por las niñas, estuviese más asentada en la sociedad y por ende tuviese una mayor aceptación (?). Las  confesiones de cantantes, actrices y escritores a las que he aludido antes se han realizado diez, veinte, y hasta treinta años o más después de haberse producido. ¿Por qué tan tarde? En primer lugar, en el caso de las mujeres, porque gracias a Dios por fin ha caído el velo del pudor y la idea de culpa que tales acciones les provocaban a pesar de haber sido ellas las víctimas; en el resto de casos porque la sociedad, afortunadamente, pide que se denuncien estos hechos, que no queden en el olvido; pero, -es una opinión muy personal-, también porque todo se ha convertido en espectáculo y más todavía en el campo del show business donde para estar en candelero hay que producir noticias continuamente, provocar titulares. ¿Por qué si no esta revelación se produce habitualmente durante la presentación de un libro escrito por ese personaje, la promoción de la película protagonizada por esa actriz, o cuando el/la cantante que la destapa emprende a continuación gira que se pretende sea multitudinaria?

No sé, esto es sólo una reflexión personal. Pero estimo que no todo vale para hacer caja.