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La fábrica del precipicio

No soy partidario de exponer y exponerme ante los demás dando opiniones políticas. En este sentido sigo el parecer del futbolista Sergi Busquets cuando ante el follón que monta Piqué con sus manifestaciones sobre España, Cataluña, Cataluña en España, Cataluña fuera de España, y así, dice que él deja sus opiniones políticas para sí mismo. Yo, como Busquets, pienso que a nadie más que a mí importa lo que siento y pienso sobre mi país, su política y sus políticos. Pero dado el momento que vivimos creo que no puede uno ponerse de perfil.

CataluñaLos últimos años han venido a convulsionar la estabilidad socio-política española basada en la Constitución de 1978; los que ya tenemos una edad pensábamos que el edificio estaba construido sobre sólidos cimientos. Pero otros había que desde hace ya mucho, mucho, tiempo estaban edificando su particular proyecto político (“Ara no toca“, decía quien fuera Honorable cuando se le preguntaba por la independencia, meta última de su catalanismo nacionalista). Nos han engañado a todos, especialmente a los ávidos políticos de los sucesivos gobiernos monclovitas que con tal de sentar sus reales allí dieron competencias varias a los nacionalismos periféricos pensando que tales concesiones eran bagatelas. En definitiva, -decían para sí demostrando su inmensa ignorancia-, ¿qué piden estos chicos: dirigir la educación, cambiar de color el uniforme de su policía, controlar algo más de dinero…? Todo era poco si a cambio uno de los dos mayoritarios partidos nacionales presidía el gobierno de la Nación.  Despreciaron los dirigentes de estas dos formaciones (PSOE y PP) que la educación es la base sobre la que se construye el futuro de una sociedad y que los garantes del orden si se ideologizan dejan al pairo la libertad de al menos una parte del pueblo al que dicen proteger.

Han pasado los años y el cesto de las competencias transferidas está prácticamente lleno. ¿Qué hacer?, se preguntan los nacionalistas. La respuesta es evidente: “Ara sí que toca!. Y más todavía si el estado central, a través de sus jueces, empieza a asfixiar a algunos políticos y a formaciones en las que militan con la exigencia de responsabilidades penales por la corrupción que casi cuarenta años de pujolismo han tejido en Catalunya.  El antaño honorable en su comparecencia ante el Parlament donde entró cual padrino de la Cossa Nostra siendo adulado por todos los miembros de Convergencia y también por los extremistas de la CUP dijo una frase que conviene no olvidar: «Si vas segando una parte de una rama, al final cae toda la rama y los nidos que hay en ella, y después caen todas las demás ramas». Corría el año 2014 y el mensaje era claro: se hacía necesario correr en otro sentido para evitar lo que el Padre había advertido. Y aquí estamos. Sí, ya sé, también ha existido -y existe- mucha corrupción en el resto de España (PP, PSOE y otros) y los jueces también van tras ellos, pero este desgraciado idéntico comportamiento no justifica las acciones que hoy se viven en nuestro país.

Se intenta esconder lo evidente -escapar sin castigo alguno del brazo de la Ley- con toda una estrategia de agitprop que antes realizaban en forma de barricadas en la calle los de la CUP, pero que al entrar en el Parlament y apoyar a los nacionalistas de Junts pel Sí desde 2015, han introducido en las propias instituciones catalanas. Es la hora, han visto, de sacar rédito a los muchos años de ideologización en las aulas. Me sorprendo al escuchar las respuestas que algunos estudiantes jóvenes dan a la pregunta de por qué desean la independencia: ‘Así evitaremos otro Franco’, dicen con ilusionada inocencia, ignorantes de que seguramente sus padres y/o abuelos salieron alegres a recibir al dictador en cuantas visitas hizo a la Comunidad y que en el Referéndum para validar la Constitución actual los catalanes destacaron por una participación de más del 67% y una aprobación del texto de más del 90%, una de las más elevadas de toda España.

Respecto a la educación que ha sido mi campo profesional, la pregunta que se me ocurre es la de ¿quién o quiénes autorizaron esos libros de texto que falsifican la historia común que estudian esos chicos que, quizá por ello, así piensan y de tal manera muestran su ignorancia? Y ¿quién o quiénes han dado el puesto de enseñantes a los que curso tras curso han dictado lecciones de auténtica Formación del Espíritu Nacional, como envoltorio nacionalista de las diversas materias cursadas desde su más tierna infancia, a quienes hoy llenan calles y plazas?

Conde LucanorConcluyo esta reflexión convencido de que el Estado español ha hecho durante esta etapa de la Democracia renuncia de sus obligaciones y, con tal de no chocar con el reaccionarismo nacionalista, ha obviado su responsabilidad desde el principio, -hacer efectivo el cumplimiento de las leyes-, a fin de que los gobiernos respectivos, apoyados cínicamente por los que siempre han dicho estar contra el Estado central, no cayesen. Patética y deleznable actitud, pues, la que durante 40 años de democracia han mostrado los que se dicen constitucionalistas al ignorar la behaviorista verdad que reza: “Quién no demuestra su legítima autoridad, acaba perdiéndola”. O dicho en palabras del clásico autor Don Juan Manuel tomadas de su cuento de “El Conde Lucanor” titulado ‘Lo que sucedió a un mancebo que casó con una muchacha muy rebelde’:

Si desde un principio no muestras quién eres,
nunca podrás después, cuando quisieres.

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Libros de Política

aprendiz de hombre de Torrente BallesterÚltimamente he topado en dos ocasiones con referencias al escritor Gonzalo Torrente Ballester, ya fallecido. La primera fue en Facebook donde alguien en uno de esos grupos sobre libros y/o lecturas que frecuento hablaba del inesperado encuentro que en una mesa de viejo había tenido con un libro de la antigua enseñanza media firmado por el autor gallego. Se trataba de “Aprendiz de hombre”, aunque yo en un principio lo confundiera con otro de mismo signo, destinado también a niños estudiantes de bachillerato elemental, pero de distinto título y autor. Lo confundí con “Vela y ancla” que en 1961, mismo año que el anterior, firmara Eugenio de Bustos Tovar. Mi segundo encuentro con don Gonzalo ha sido hoy, al leer, en la cafetería a la que por las mañanas acudo a tomar un refrigerio, un artículo del diario ABC de 27 de julio firmado por Ignacio Sánchez Cámara titulado como el libro de marras. Lo he leído con gusto y ha despertado en mí no pocos recuerdos y reflexiones.

En el capítulo de recuerdos debo consignar el de haber sido niño transportador de semejantes mamotretos a la par que alumno silente de las pesadas lecciones de F.E.N. (Formación del Espíritu Nacional) que un profesor nada preparado para ello nos endilgaba en la oscura escuela de mis once o doce años. Era FEN, junto a la Educación Física, la Religión y el Dibujo, una de las materias tenidas por “marías” en mi casa pues mi padre siempre creyó que lo importante para la vida era tener conocimientos de historia, ciencias o matemáticas y que la ideología política y religiosa poco o nada iban a aportarme en el futuro. Lástima que el Dibujo lo colocase en la misma cesta. El caso es que no erraba en demasía don Eduardo (mi padre) pues los profesores de estas cuatro ‘marías’ eran docentes sin preparación especial y por lo tanto de escasa exigencia: para el Dibujo bastaba con poner un botijo sobre la mesa del profesor y que los alumnos lo dibujasen; y para la Gimnasia (así era como llamábamos por entonces a la Educación Física) con organizar unas carreras y unos partidillos la cosa iba sobrada.

¿La Religión y la FEN? ¡Ay, amigo, aquí el Estado se había exprimido algo más el magín! Para la Religión cualquier cura enviado por el obispado era suficiente pues lo que había que dar, fundamentalmente, era doctrina; y para la FEN tiraban del cuerpo de la Falange donde, dentro de la incultura que caracterizaba al Régimen, recalaba alguna que otra mente preclara. Es el caso de los autores de estos dos libros de texto de los que no recuerdo más que sus portadas, su voluminoso continente pero nada, absolutamente nada, de lo que en ellos se decía. El artículo de Ignacio Sánchez Cámara ha despertado mi curiosidad por volver a hojearlos, en especial el de Torrente Ballester, dado que el articulista sobre él dice textualmente, entre otras muchas cosas, lo siguiente:

Se trataba, permítaseme el empleo del pasado, aunque el libro sobrevive a la devastación del tiempo, de una antología de textos, agrupados bajo los siguientes epígrafes: Convivencia, Modos de relación humana, Autoridad y libertad, El trabajo y La persona. […] Se sucedía un rosario de textos, nacidos del amor al hombre y la devoción a España, seleccionados e introducidos por Gonzalo Torrente Ballester. Entre otros, Aldecoa, el anónimo autor del Myo Cid, Calderón, Cela, Cervantes, Eva Curie, Chejov, Chesterton, Dostoyevski, Esquilo, Fustel de Coulanges, Gobineau (no lo omitiré, con un texto sobre Miguel Ángel), san Isidoro de Sevilla, Kipling, Laín Entralgo, Manuel Machado, Azorín, Gabriel Miró, Ortega y Gasset, o Papini, Pérez Galdós, Platón, […] Quevedo, Rubén Darío, Sánchez-Albornoz, Shakespeare, Sófocles, Spengler y Alphonse de Vigny.

Cierto es que no recuerdo para nada que el profesor correspondiente nos leyese  o comentase alguno de esos textos (¡lástima!), pues en gran medida aquellos docentes poseían un nulo nivel e interés cultural. De ahí que, como tantas veces sucede y ha sucedido en España, se pusieran en manos de patanes unos libros que no alcanzaban a comprender dado que les superaban en mucho. Ellos con eso de Familia, Municipio y Sindicato daban por cubierto el expediente.

Vela y ancla de Eugenio de BustosSobre los autores de estos dos volúmenes diré que conocí personalmente a ambos en mi calidad de alumno de la Universidad salmantina durante los ya muy lejanos años setenta del siglo pasado. Los dos tuvieron fuerte relación con la Falange, más Torrente Ballester que Eugenio de Bustos. Es fácil que al segundo le llegase el encargo vía Antonio Tovar, reputado falangista, quien desde 1942 había sido catedrático de latín en la Universidad de Salamanca y luego Rector de la misma desde 1951 a 1956, permaneciendo unido a la ciudad castellana hasta 1963 si bien años antes abandonó España por disconformidad con el Régimen de Franco. Eugenio de Bustos también estuvo unido a la institución universitaria salmantina a la que arribó procedente de la Universidad de Barcelona el año 1969. Fue, precisamente durante la década de los setenta, curso 72-73 cuando en la Facultad de Filosofía y Letras tuve la fortuna de, en la materia “Historia de la Lengua española“, ser alumno de Bustos Tovar, catedrático de la misma. Más tarde, ya en el año escolar 75-76, tuve oportunidad de hacer el curso de posgrado que en teoría capacitaba de pedagogía suficiente para impartir docencia en institutos de Enseñanza Media, con don Gonzalo Torrente Ballester que recién acababa de llegar a Salamanca desde su Galicia natal como Catedrático de Lengua y Literatura españolas del Instituto de Bachillerato “Diego de Torres Villarroel” de esa ciudad. De ambos profesores: de su inmensa sabiduría, su bonhomía, afecto y simpatía guardo un gran recuerdo que el artículo de marras me ha hecho revivir.

Desde la altura de mis años, desaparecidos ya estos dos sabios (Eugenio de Bustos en 1996 y Torrente Ballester en 1999) que como cualquier persona junto a enormes aciertos incurrieron en algunas equivocaciones (quizás estas colaboraciones puedan calificarse de tales), no puedo por menos que lamentar el que hoy día cuando se intenta formar ciudadanos en los niveles de la educación obligatoria, los diseños curriculares de las asignaturas a tal objetivo destinadas (Ética, Educación para la Ciudadanía, Valores éticos, o como quiera que se las denomine) utilicen textos y opiniones en las que prima la ramplonería, la vulgaridad, cuando no un decidido afán de manipulación débilmente escondido en no se sabe bien -y sí se sabe bien- qué extemporáneas, provincianas e insolidarias ideologías. Frente a las palabras rotundas, fuertes, universales, totales, de un Cervantes, un Chejov, un Aldecoa, un Esquilo, un Pérez Galdós, o un Quevedo, de las que echaba mano don Gonzalo, se prefiere hoy tirar de falaces lemas propagandísticos y/o falsificaciones históricas remedo de aquellas empleadas durante esos oscuros años y que hoy con tanta razón criticamos.