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Crónica de un hermoso acto

Foto del Homenaje
Rocío

El jueves 20 de abril, Rocío, celebramos en el IES “Mirasierra” de Madrid un acto hermoso. Lo fue por la espontaneidad con que se desarrolló, por las palabras que se pronunciaron en esa sala ambivalente -Sala de Usos Múltiples en terminología oficial- mal llamada Salón de Actos en un claro intento de ennoblecerla. Lo presentó Seve, amigo y compañero, que con palabras sinceras y sentidas explicó la demora del mismo debida a esa vorágine que envuelve la vida de cada uno y que hace que a veces, muchas veces en realidad, confundamos lo irrelevante con lo importante. Tras él, Pilar Benito, directora actual del Centro y tu última directora por tanto, leyó unas palabras que había preparado sobre ti. La emoción pudo con ella y todos lo entendimos pues a tu ausencia se le sumaron a Pilar ese aciago pasado año otras propias y personales.

No sé si el orden fue tal como lo recuerdo, ruego que me disculpes. En primer lugar Carmen Cifredo, una profesora actual del Instituto, que imparte latín y que coincidió contigo dos o tres años glosó tu personalidad de un modo que a todos nos emocionó pues partiendo de tu propia individualidad logró trascender hasta la idea de buen profesor que tú personificabas. Acabó con dos citas latinas de las que sólo recuerdo la primera (“Sit tibi terra levis“) aunque la segunda, por menos conocida, me emocionó más. Fue un buen comienzo.

Luego dos alumnas (la verdad es que la mayoría de los que allí nos congregamos éramos ya antiguos de alguna cosa: antiguos alumnos, antiguos profesores, antiguos compañeros…), Lucía y Sara, la primera al violín y la segunda al texto, recitaron para ti, Rocío, un poema de Leopoldo María Panero. Bellísimo el poema; correctísimos, el recitado y el acompañamiento musical.

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Uno de los Jardines verticales de Rocío

El turno fue entonces para tu amiga y compañera Alicia. Alicia estaba -tú te diste cuenta, claro- fuertemente emocionada pues la convivencia profesional de ambas había comenzado ya en Torrejón y desde entonces a hoy, ¡ay!, habían pasado ya muchos, muchos, años. Fue clara y didáctica en la exposición de tu modo de enfocar la labor artística y profesional. Me gustó mucho esa insistencia tuya -así me pareció entenderle a ella- sobre la inexistente separación de artístico / no artístico; técnico / artístico; útil / inútil; … Todo era útil, cualquier elemento era susceptible de tratamiento artístico. Y con estas premisas montabais ambas, tú y ella, vuestras clases; de este modo provocabais a los alumnos, les lanzabais señuelos que luego ellos debían transformar -siguiendo vuestros consejos- en trabajos dibujados, pintados, rotulados, o en composiciones presentadas en maquetas.

Tras la exposición de la manera como enfocabas tu trabajo de profesora, quiso Alicia, que se declaró “mujer pretecnológica”, hacer una presentación en power point de tus trabajos personales y profesionales. Había preparado cerca de cien diapositivas a las que había ajustado acompañamiento musical. Su trabajo había sido grande y más aún la ilusión con que lo había montado todo (la destinataria lo merecía), pero vinimos a topar con la cruda realidad y nos caímos de la nube en que ya estábamos instalados. Los centros educativos públicos españoles no reciben hoy más fondos de los que recibían cuando los muchos jubilados que allí  estábamos aún no lo éramos. ¡Qué lástima de país! El ordenador portátil del “boyante y espléndido” Salón de Actos era conocido por muchos de los asistentes a tu homenaje, y eso que algunos llevaban fuera del Centro cerca de 8 años. Sí, parece increíble, pero así es. Y la presentación de la Obra de Rocío, de tus trabajos, no podía verse al no poder caminar por el obsoleto artilugio (ordenador portátil, dicen que lo llaman) que debía darle salida. ¿Qué hacer?

Tras unos momentos de controlado pánico, la vista de Seve encontró en la Sala a Juan García, compañero jubilado como la mayoría de los profes que allí estábamos. Históricamente, Juan ha sido el mago al que todos recurríamos cuando algo técnico (sonido, música, informática, micrófonos…) no marchaba. Juan comenzó a trabajar en la maquinaria infernal que se negaba a trabajar debidamente. Pero el arreglo llevaría su tiempo y para evitar tiempos muertos se decidió alterar algo el programa no escrito.

Juan Dionisio, antiguo profesor de música, salió a la palestra y presentó una breve representación a base de tangrams que íbamos a realizar siete compañeros tuyos: él mismo, María Jesús Gómez, María Jesús Jiménez, Lourdes, la misma Alicia que había visto cortada su presentación, Cecilia, y yo (Juan Carlos). Comentó Juan Dionisio que muchas veces él y tú, Rocío, habíais hablado ilusionados, sobre esta puesta en escena que estaba falta de música. Al poco de marcharte tú, -dijo Juan Dionisio-, la amiga que componía la música le comunicó que la había finalizado. Cuando los que prepárabamos este acto en tu homenaje conocimos estos pormenores pensamos que sería una hermosa prueba de afecto hacia ti presentarla en tu conmemoración. Y así lo hicimos.

Rocío BartaLos que nos vieron deambular por el escenario, ocultos tras caretas blancas y de negro hasta los pies vestidos, portando unas coloristas (azules, rojas, rosas) piezas geométricas que al son de la música peleaban, intermediaban, dialogaban y finalmente se agrupaban en el tangram del que luego, siempre con ritmo, pasaban sin solución de continuidad a formar una paloma, dijeron que les había gustado. Si así fue, creo, que fue una bella ofrenda que te hicimos con todo nuestro cariño a ti, amiga.

Tras el Tangram pudo proseguir la presentación de tu Obra en imágenes que Alicia, con emoción, fue comentado según iban apareciendo proyectadas las distintas diapositivas. Gracias a tu compañera de Departamento durante tantos años, todos los asistentes al acto salimos sabiendo mucho más de ti.

Parecía que el Acto iba ya a acabar. Pero no, los destinatarios durante tantos años de tus esfuerzos, los alumnos (siempre, por muchos años que pasen, ellos para nosotros serán alumnos. Y al revés, ¿no?),  quisieron en la persona de uno de ellos, Daniel Bergman, agradecerte tu dedicación y comunicar a toda la asamblea que la preparación que recibieron en el Mirasierra fue importante, superior incluso a la que en algunas materias les pudo dar la mismísima Universidad. Datos así nos llenaron de orgullo a todos, claro que sí. Muchas gracias, Dani, por tus palabras y por todo el trabajo que junto a Gonzalo Martín y otros antiguos alumnos desarrollasteis en el hall de columnas previo al Aulario donde dejasteis, ahora sí, para siempre vertical, ese Jardín que, Rocío, levantaste varias veces, siempre en momentos relevantes de la vida del IES. Finalizó Dani su intervención con la  primera frase que adorna el fuste de una de las columnas. Dice así:

A los Profesores:

Que enseñándonos lo que no queríamos aprender, nos ayudaron a preguntarnos quiénes queríamos ser. 

Y singularmente 

A Rocío, que recomponía los colores en luz.

También intervino Cecilia, profesora que fue de Lengua, para recordarte como compañera ya en Torrejón y luego aquí. Habló de ti y agradeció en lo más profundo de su corazón que insuflaras en tus alumnos el amor al arte y a la creación. Y ya más personalmente mostró su gratitud hacia ti por haberle dado una artista en su familia.

El Homenaje concluyó con la entrega a Yolanda, tu sobrina, en representación de todos tus familiares presentes en el Acto (tu compañero Roberto, tus hermanos  Fernando y Yolanda, y ella misma) de un retrato a tinta dibujado a partir de una fotografía tuya.

Retrato de Rocío
Gonzalo Martín (“Taquen”) es el autor de este retrato

Además de recordarte, lo mejor de todo el Homenaje fue que gracias a ti pudimos vernos y hablar muchos de nosotros que no solemos tener oportunidad de hacerlo: profesores separados de la tiza y los que aún la asen con determinación. Entre estos últimos reconocí, aunque no pude hablar con todos ellos,  a Alicia, Pilar, Mercedes, Isabel, Laura, Marisa, Yolanda, Eugenio, Carmen Horta, Manolo, Puri, Teresa Bellver, Mari Paz, José Manuel… Entre los ya alejados de la pizarra vi y/o hablé con Juan, Menchén, Teresa Castrillón, Mari Luz, Guida, Nieves, Felicísimo, Archi, Rafael, Juanjo, Eva, Juan Dionisio, Marga, María Jesús Jiménez, María Jesús Gómez, Lourdes,  Mariano, Alicia de la Iglesia, Cecilia, Belén, Carmen Aguado, Concha…, que en este momento recuerde. También vi por allí a compañeros no docentes como Milagros o Sonia. Ruego el perdón de aquellos cuyos nombres no aparezcan en la relación anterior; los motivos no son otros que los derivados de la edad: no los vi (mala visión o agudeza visual) o no los recuerdo (mala memoria, deterioro cognitivo).

Muy emotivo para mí y muchos de los compañeros asistentes fue el intercambio de palabras con antiguos alumnos que, pese a su edad actual, uno siempre los sigue viendo instalados en sus 15, 16 ó 17 años. Hablé con Lucía y con Sara; con los hermanos Chabouk, uno de ellos, Fadi, ya convertido en padre de un niño encantador y simpatiquísimo de sólo cuatro meses; con Alba y con María; con Lucía que me sorprendió al verla ya madre de una preciosa niña pues, como he dicho antes, yo la veía en mi cabeza sentada en clase escuchando atenta las explicaciones; con Mario, con Paloma, con Dani y muchos otros más cuyas caras reconozco aunque no recuerde el nombre de cada uno. Me encantó oíros hablar de vosotros, de vuestros trabajos (en el BBVA, en la Autónoma, en un Instituto de Guadalajara, en una empresa de encriptación para bancos o algo así, de arquitectos, o acabando estos estudios, etc.), de vuestros proyectos de futuro… Fue un inmenso placer.

Muchas gracias a todos.

 

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