La Peste -enseñanzas-. confinamiento (temporada 8)

El triunfo de la muerte. Detalle del óleo de Peter Brueghel

A base de convivir con ella empezamos a entenderla cada día más. Día tras día se va cobrando en vidas lo que quizás le corresponda, y también jornada tras jornada, noticiario tras noticiario, comunicación tras comunicación, el cerebro de los aún presentes se nos va acostumbrando a ese ruido silencioso y pertinaz del goteo constante de muertes.

Nos ha puesto en contacto con la eterna condición humana a la cual, quizás como le ocurría al arpa del poeta sevillano, teníamos arrumbada en un rincón de nuestra memoria. Constantemente buscamos en nuestro cerebro semejanzas, parecidos o similitudes con situaciones anteriores por eso de encontrar soluciones ya practicadas. A mí el momento que vivimos me lleva constantemente a esos 10 personajes del Decamerón de Boccaccio que, como nosotros en estos días, decidieron escapar de la Peste Negra que asolaba Florencia confinándose a las afueras de la gran ciudad en una villa abandonada situada en el campo de Fiesole. Y también como nosotros esas siete muchachas y sus tres acompañantes masculinos mitigaban el hastío y aburrimiento de las dos semanas de reclusión que se impusieron relatándose unos a otros historias que les permitiesen escapar al menos mentalmente de la enorme calamidad que arrasaba la bella ciudad de la Toscana y que amenazaba con llevárselos también a ellos de este mundo.

La sensación de fragilidad que la pandemia nos transmite nos hace evocar a los que ya marcharon de este mundo por ésta u otras causas. En la ‘vieja normalidad’, cuando el ritmo endiablado de la actividad productiva o diletante nos embargaba, las muertes de familiares, amigos o conocidos las incluíamos dentro de un incómodo capítulo titulado «Se fue«, «Marchas» o «Desapariciones» en el que procurábamos demorarnos lo mínimo imprescindible no fuera a ser que nos perdiéramos algo de lo importante: nosotros, nuestra vida, nuestro trabajo, nuestra contribución diaria a la destrucción del hábitat (‘progreso’ lo llamábamos)… Ahora la infección por coronavirus ha venido a poner las cosas en su sitio: somos poquita cosa, la vida que nos habíamos fabricado era una destructiva falsedad total, la Muerte existe aunque evitemos nombrarla o simbolizarla con crespones o corbatas negras, la Nueva Normalidad a la que caminamos es incierta por novedosa y está llena de riesgos… Es momento de volver la vista atrás y tratar de evocar actitudes y comportamientos practicados en momentos parecidos por quienes nos precedieron.

De las conductas familiares quiero quedarme con el desprendimiento y entrega amorosa hacia los demás que me transmitieron y que sentía al estar con ellos. Este recuerdo es reconfortante y evocarlo me sirve para comprender mejor la realidad y mi papel en el mundo. Del proceder de la Humanidad en su conjunto elijo rememorar a esos diez jóvenes florentinos pues me sirven para entender mejor cuál es la función del Arte. Señores, el Arte, en sus diversas manifestaciones, sirve para un mejor disfrute de la Vida y para, cuando suceda o nos tenga sitiados como ahora, un mejor afrontar el trance. En definitiva, como sostiene Ernst Fisher, el arte es el medio indispensable para la fusión del individuo con el todo. ¿Será esta la mejoría –‘saldremos siendo mejores personas‘- de la que tanto se habla para cuando finalice la pandemia? Bueno, no lo creo, pero de serlo, no estaría nada mal.

6 comentarios en “La Peste -enseñanzas-. confinamiento (temporada 8)”

  1. Sabias palabras, amigo. Ojalá lo que resulte de todo esto, sea una sociedad mejor, más compresiva, solidaria y prudente.
    De momento, los economistas, que son unos videntes, presagian un futuro muy negro que durará, no sé si tanto como la peste negra, pero casi. Y como nuestra sociedad está sustentada en los recursos económicos, esto no pinta nada bien, porque cuando no hay dinero y aumenta el paro, también aumenta el descontento y la infelicidad.
    Yo, que me he vuelto en un ser malpensado, a veces creo que «los de arriba», los poderosos, ya están diseñando la «Nueva Normalidad» hecha a su conveniencia, de modo que los ricos sigan siendo ricos y los pobres tan pobres como siempre.
    Firmado. «El aguafiestas», je,je,
    Un abrazo.

    1. No dices ninguna tontería, Josep. Los de arriba, los de verdad verdad «de arriba» esos ya tienen todo preparado para seguir ahí con la Nueva o como quiera que la llamemos.
      Te dejo que me llaman. Tengo tertulia virtual.
      Un abrazo

  2. Situaciones extremas son las que nos hacen recapacitar y darnos cuenta de que, por mucho que nos creamos lo contrario, somos muy frágiles.
    Entre los temores de la humanidad del siglo XX, se encontraba una guerra nuclear, o una conflagración mundial donde se emplearan armas destructivas (y masivas), pero muy pocos pensaban en que la amenaza podía venir de la propia naturaleza en forma de un ente minúsculo pero muy puñetero.
    Yo siempre he dicho que la radiactividad podía ser un riesgo, pero me parecía que la amenaza biológica (sin voluntariedad, es decir, sin necesidad de un ataque provocado) era la más probable. Y mira tú por dónde, aquí tenemos un virus que nos tiene en jaque a todos.
    No creo que esto, cuando pase, nos haga mejores, pero pienso como tú: no estaría mal.
    Un besote.

    1. Yo creo también, Paloma, que los seres humanos nos olvidamos rápidamente de lo que queremos. La Primera Guerra Mundial ya advirtió de los peligros biológicos con el uso del gas como arma letal. Este uso y experimentos hechos por los nazis con los presos en sus campos de exterminio también eran buena advertencia. Y luego ya durante la Guerra Fría lo nuclear y sus derivas biológicas (Hirosima de inicio y Chernobil sobre todo) . Pero somos de memoria frágil para todo aquello que implica gasto excesivo y posibilidad que se considera escasa. Pero pasó, pasó…, y lo peor es que lo mismo vuelve a pasar.
      Un beso

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