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Es claro que cada época arrastra unos temas o siente predilección por unos argumentos. Últimamente, en el campo de la escritura literaria sea ésta de ficción o no, por todas partes, en cualquier lugar donde ponga mis ojos lectores, un asunto sobresale por encima de otros. Me refiero a los abusos sexuales sufridos durante la infancia.

Aunque esta reflexión la dejo circunscrita al campo de la escritura es evidente que también –y mucho- el Cine los trata: Últimamente, la excelente película “Spotlight” dirigida por Tom McCarthy que se alzó con el Óscar al mejor film en la edición de este año; ya más lejos en el tiempo, en 2008,  “La duda” de John Patrick Shanley (autor de la obra teatral, guionista-responsable de su adaptación y director del film). Ambos filmes plantean el tema de la pederastia en un contexto eclesiástico.

Pero volvamos a la literatura. Hay obras como Instrumental de James Rhodes, que nacen casi como terapia superadora del terrible trauma que este pianista inglés sufriera durante su niñez. Es espeluznante leer la brutalidad que hubo de soportar el niño de cinco años que él era cuando comenzó a sufrirlos; abusos que duraron hasta al menos los diez años de edad.

Sin salir del terreno de la realidad, en una entrevista televisiva escuché hace poco al periodista, directivo empresarial y novelista Juan Luis Cebrián confesar a su entrevistador que él en el colegio madrileño del Pilar sufrió abusos sexuales. Esta confesión, al tratarse de un personaje ya más mediático, trajo a mi cabeza los nombres de otros hombres y mujeres populares que dicen asimismo haberlos sufrido: La cantante Kesha a manos de su manager, la ‘vigilante de la playa’ Pamela Anderson a los seis años de una niñera, la rapera Queen Latifah y las actrices Ellen Degeneres y Teri Hatcher de su entorno más cercano. Algunos sufrieron auténticas tragedias, como la actriz y presentadora estadounidense Oprah Winfrey, que fue violada desde los 9 años por un primo y un tío y a los 14 vio morir a su bebé. Y hay más casos.

El asunto ha entrado de lleno en la novela de ficción pero no como solía hacerlo antes, de manera velada y sugerida, sino declaradamente y frecuentemente como justificación del comportamiento del personaje adulto. Es lo que sucede, por ejemplo, en Tan poca vida, la celebrada primera novela de Hanya Yanagihara, donde el enigmático personaje de Jude esconde en su interior una niñez de violencia y abusos sexuales; también el último relato de Víctor del Árbol presenta a un duro y bronco comisario policial, Germinal Ibarra, al que la violación que sufriera a los diez años a manos de un hombre mayor viene a justificar su carácter esquivo, bronco y reservado. [reseñada en “El blog de Juan Carlos“, mi blog principal].

Juan Luis Cebrián con Jordi Evole

La mayoría de las veces es la pederastia ejercida sobre niños la que más presencia tiene en los relatos. Diríase que la sufrida por el sexo femenino, por las niñas, estuviese más asentada en la sociedad y por ende tuviese una mayor aceptación (?). Las  confesiones de cantantes, actrices y escritores a las que he aludido antes se han realizado diez, veinte, y hasta treinta años o más después de haberse producido. ¿Por qué tan tarde? En primer lugar, en el caso de las mujeres, porque gracias a Dios por fin ha caído el velo del pudor y la idea de culpa que tales acciones les provocaban a pesar de haber sido ellas las víctimas; en el resto de casos porque la sociedad, afortunadamente, pide que se denuncien estos hechos, que no queden en el olvido; pero, -es una opinión muy personal-, también porque todo se ha convertido en espectáculo y más todavía en el campo del show business donde para estar en candelero hay que producir noticias continuamente, provocar titulares. ¿Por qué si no esta revelación se produce habitualmente durante la presentación de un libro escrito por ese personaje, la promoción de la película protagonizada por esa actriz, o cuando el/la cantante que la destapa emprende a continuación gira que se pretende sea multitudinaria?

No sé, esto es sólo una reflexión personal. Pero estimo que no todo vale para hacer caja.

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