Genealogías del arte

En los resúmenes de final de año que periódicos, revistas y suplementos culturales publicaron en diciembre de 2019, en el capítulo de mejores exposiciones aparecía en todos ellos como mejor muestra artística de las habidas en España durante ese año, la titulada “Genealogías del Arte”. Leí la noticia cuando ya sólo restaban diez días para la clausura de la misma que se produjo el pasado día 12 de enero. Afortunadamente tuve tiempo de ir a verla a la madrileña Fundación Juan March undefineddonde había sido inaugurada el 11 de octubre de 2019. Quienes se la hayan perdido aún tienen ocasión de disfrutarla a partir del próximo 27 de febrero y hasta el 31 de mayo de 2020 en el Museo Picasso de la ciudad de Málaga. No se la pierdan.

La muestra sorprende por inhabitual. Parte de la premisa siguiente: si los elementos plásticos que se presentan y se producen son fundamentalmente visuales y concretos, por qué su explicación se realiza habitualmente a través de la palabra y de la pura abstracción. ¿Por qué no hacerla de manera así mismo visual? Los comisarios de esta exhibición artística de más de 300 objetos: Manuel Fontán del Junco, de la Fundación Juan March, José Lebrero Stals, director artístico del Museo Picassso malacitano, y María Zozaya Álvarez, jefe de proyecto expositivo de la Fundación Juan March, realizan en esta Exposición un auténtico ejercicio de Metacrítica. Es decir, los organizadores plantean y profundizan sobre las maneras que los estudiosos a lo largo del tiempo han utilizado en el análisis de la evolución artística.

Los más de 300 objetos que se muestran -pinturas, libros, diagramas, documentos, esculturas…- se distribuyen en las tres secciones que componen la exhibición subtitulada toda ella “La historia del arte como arte visual”: I, 1562-1934; II. Alfred H. Barr, Jr.: una genealogía para el arte moderno, 1936; y III. 1936-2019. Las secciones I y III sirven para resaltar la parte fundamental, la II, que consiste en la traslación al espacio expositivo central del diagrama elaborado por el que fuera primer director del MoMA neoyorquino para la exposición celebrada en 1936 en el mismo titulada “Cubism and Abstract Art”. Sobrecubierta del catálogo de la expo que Alfred H. Barr Jr, montó en NY en 1936El catálogo de la misma llevaba en su sobrecubierta un diagrama realizado por el mismo Barr en el que de manera muy clara y visual se mostraban las interinfluencias entre las distintas tendencias artísticas desde 1890 con Gauguin y Seurat en los orígenes hasta 1936 en que las mismas desembocan en arte geométrico y abstracto. Las secciones I y III que la arropan despliegan por orden cronológico representaciones visuales de la historia del arte.

El arbol del arte moderno plantado hace 60 años (Michel Covarrubias) cartel de 1933
El arbol del arte moderno plantado hace 60 años (Michel Covarrubias) cartel de 1933

Pocas veces, educador como he sido durante toda mi vida profesional, he visto plasmada de mejor manera la necesidad de presentar visualmente los conceptos abstractos evolutivos, en esta ocasión del campo de las artes plásticas. Son muchos los diagramas de distinto tipo que pueden verse en esta exhibición. Varios son los estudiosos que han intentado presentar de manera clara y ¿sencilla? lo que en esencia no lo es. Algunas de estas plasmaciones son las dos anteriores de Alfred H. Barr Jr. y Michel Covarrubias, respectivamente.

No sólo los diagramas genealógicos se usan y se han usado para visualizar las artes plásticas; también como puede observarse en los dos siguientes diagramas han servido para presentar gráficamente la evolución de las Vanguardias literarias, en especial en el cartel de Francis Picabia.

Como ya he dicho la exposición lleva de las dos dimensiones del papel a las tres dimensiones del espacio el diagrama de Barr en la segunda sección de la exposición. Paseamos bajo los rótulos con las denominaciones de los movimientos artísticos que penden sobre nosotros. 036genealogias_reportaje

Y lo podemos hacer en un sentido o en otro, es decir, a favor y en contra del tiempo,  8_29_40_scan82530759e, incluso podemos anular el mismo y contemplar las obras artísticas por nosotros mismos sin pistas previas.

Tal es el poder y la versatilidad de los diagramas para presentar las genealogías artísticas.

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Ward Shalley: “La bella evidencia”

Unos diagramas que de puro creativos que son se convierten en auténticos objetos artísticos en sí mismos como puede observarse en algunos de los más recientes que he podido contemplar en tan fantástica Muestra.

 

 

 

 

¡México lindo! Crónica de un viaje

El pasado mes de septiembre he viajado a México por vez primera en mi vida. Dada la enorme extensión de la antigua Nueva España decidí acotar mi paseo a un espacio muy concreto: México D.F. y algunas localidades próximas como Taxco, Puebla, Cuernavaca, Tlaxcala…img_20190926_152236

Si tuviese que dar una valoración general de mi estancia en tierras mexicanas sólo podría expresar mi más rotunda satisfacción- Todo, en general, me agradó; especialmente me encantó comprobar la enorme huella que los españoles dejamos en este país, presente, además de en el idioma y la cultura derivada de la religión que hasta allá llevamos, en hermosas edificaciones que ornan las zonas centrales de México Ciudad, de Cuernavaca, de Taxco, de Puebla… La enorme plaza del Zócalo de México city impresiona. Es rectangular y está formada por una enorme y bella catedral en un lado; frente a ella dos edificios gemelos, el Edificio de Gobierno y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, ambos sede del Gobierno de la Ciudad de México; en el lado que une los dos anteriores se encuentra el enorme y bello Palacio Nacional sede del Gobierno de la Nación; y en el lado opuesto a este Palacio Nacional se encuentran edificios comerciales como el Portal de Mercaderes. Nunca había visto un espacio abierto tan extenso. En el centro del Zócalo se encuentra una enorme bandera del país. ¡Impresionante todo!

Todos las construcciones civiles de esta plaza denominada oficialmente de la Constitución, excepto el edificio del Gobierno, fueron iniciados por el propio Hernán Cortés tras su arribada a Veracruz en 1521. La Catedral se iniciaría a finales del siglo XVI. En cuanto al Portal de Mercaderes es de destacar que desde los españoles ha tenido ese destino comercial.

Igual que en Ciudad de México en Puebla las construcciones que conforman el Centro de la ciudad son asimismo majestuosas. Destacan en ella la Catedral de estilo herreriano y la Casa Municipal que, aunque su actual aspecto deriva de la última remodelación habida en 1897, muchos de los elementos constructivos originales del XVI y de las remodelaciones del XVIII se conservan. Es un edificio de una enorme belleza que pone límite a la hermosa plaza que se abre frente a él. A un flanco del Ayuntamiento se erige la Catedral que es una auténtica maravilla construida entre los siglos XVI y XVII aunque ya en el momento inmediato de la conquista se construyó una de la que quedan vestigios en el atrio de la que hoy se puede visitar y contemplar.

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De lo español -sin duda alguna uno de los atractivos turísticos de México- vi maravillas en los otros centros urbanos visitados.  Taxco me recordó vivamente a nuestras islas Canarias; mientras deambulaba por ella, Teror, en Gran Canaria, me venía a las mientes constantemente. Paseando por las calles de Cuernavaca y Tlaxcala la huella española se percibe en la hechura de las casas y el trazado de sus calles. Son estas dos ciudades menos majestuosas que Puebla o México habida cuenta, al menos así fue en Tlaxcala, que por orden del emperador Carlos V, dada la buena sintonía tenida por los españoles de Cortés con los indígenas tlaxcaltecas, los indios no pudieron ser expulsados de las tierras que poseían permitiéndoseles construirse y conservarlas sus propias casas.  En Cuernavaca es digno de reseñar el llamado Palacio de Hernán Cortés ordenado construir por el mismísimo Cortés al poco de la conquista.

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Si la herencia española es digna de reseñar en México no lo es menos la enorme huella y personalidad de esta nación proveniente de los habitantes prehispánicos. Eran éstos un conglomerado de pueblos diferentes que se encontraban enfrentados a veces y otras en paz aunque con obligación de tributaciones onerosas de los menos fuertes a los pueblos más poderosos. En la zona que visité el pueblo o tribu más fuerte era sin lugar a dudas la de los mexicas grupo indígena que, según los cronistas españoles recogieron de boca de los habitantes que se encontraron al conquistar lo que se llamaría Nueva España, al verse oprimidos por los aztecas (‘los que habitan Atzlán’) abandonaron el lugar y en 1325, junto al lago Texcoco toparon con un águila que devoraba sobre un nopal una serpiente, lo que entendieron como una señal de los dioses y allí mismo en un islote próximo a una orilla del lago fundaron Tenochtitlán (la ciudad dentro del lago), la actual Ciudad de México.  Este águila sobre un nopal devorando una serpiente es el símbolo de la nación mexicana y figura hoy en el centro de su bandera tricolor.

Los mexicas tenían a los pueblos de su entorno sometidos a ellos. A los tlaxcaltecas concretamente les exigían periódicamente tributos en dinero y también en seres humanos (jóvenes y vírgenes) para aplacar a sus dioses que se expresaban en forma ruidosa con acompañamiento de fuego escupido por las montañas (volcanes). Los mexicas veían en las montañas la unión entre el inframundo y el lugar elevado -Cielo o Paraíso diríamos en nuestra terminología católica- donde habitaban los dioses. Para aplacarles se hacía necesario ofrecerles sacrificios humanos en montañas erigidas por ellos mismos (lo que habitualmente llamamos pirámides). Pero no sólo eran los pueblos sometidos los sacrificados, también entre los propios mexicas era un honor ofrecerse en sacrificio al dios. Ganarse ese premio no era sencillo; se competía para logramexicas-1-768x585rlo. Concretamente practicaban los mexicas un juego de pelota y el ganador de la contienda era glorificado con su sacrificio a los dioses.

Cuando los españoles llegaron a la zona quedaron espantados al observar los ritos religiosos que practicaban. Los sacerdotes que acompañaban a Cortés en especial Fray Toribio de Benavente llamado por su pobreza ‘Motolinía’ por los indios y otros más pronto reivindicaron el derecho a la vida de aquellos que eran objeto de sacrificios  por los indígenas. Así los españoles en cierta medida introdujeron y defendieron la aplicación de Derechos Humanos por el mero hecho de ser persona y entre estos derechos el de la Vida es el fundamental y primero. Sin llegar a ser un Bartolomé de las Casas hay que reconocerle a este Fray Toribio de Benavente un papel importante en esta línea de defensa de los indígenas.

Todo lo referido a las prácticas religiosas de los mexicas se aprecian y se imaginan debidamente visitando Teotihuacán, la enorme ciudad mexica situada muy cerca de México. Allí se pueden ver unas grandes pirámides denominadas las dos principales: del Sol, una, y de la Luna, la otra. Entre ambas se extiende una increíble, por su anchura, avenida. En los edificios que anteceden a las pirámides se hallan los espacios donde se realizaban sacrificios humanos e incluso se practicaba canibalismo.

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Los españoles -dicen algunos con mirada torva y corta- cortaron de raíz una civilización esplendorosa. Sí en parte, pero no en términos absolutos. Más que otra cosa lo que se produjo fue un encuentro de culturas, un intercambio entre civilizaciones. Este año se está conmemorando el 5º centenario de la arribada de Cortés a la costa de Veracruz, primera ciudad fundada por los españoles. Su entrada en Tenochtitlán se produjo el 6 de noviembre de ese mismo año. Esta efemérides se está celebrando en México quizás con menos entusiasmo que centenarios anteriores dadas las tendencias políticas actuales que priman las visiones indigenistas sobre las hispanistas. Con todo y con eso durante mi estancia en México pude contemplar en Tlaxcala una exposición, magnífica, que incidía sobre ese encuentro entre ambos mundos: “Tlaxcala 500 años. Encuentro de dos culturas: México-España”.

La secretaria de Turismo del estado de Tlaxcala afirmó en la inauguración de esta exposición -y así se puede leer en los folletos de dicha muestra- lo siguiente: “Nosotros conmemoramos nuestro origen. No podemos ver un suceso del siglo XVI con los conceptos del siglo XXI. Vemos ese proceso histórico en su justa dimensión como el momento en el que surge una sociedad distinta“. Verdad importante la manifestada por la secretaria de Turismo, Anabel Alvarado, pues en la conformación del actual México intervinieron tanto los indígenas como los españoles en un mestizaje fructífero -visto hoy desde nuestros días- para ambos:
Tlaxcala, dice Alvarado, “significó el parteaguas de una nueva cultura. Después (vinieron) los 300 años del virreinato hasta el siglo XIX, y después el surgimiento de México como nación. Los tlaxcaltecas tuvieron una participación fundamental con una alianza que nos permitió construir y ser base de una nueva sociedad, que es la sociedad mexicana“.

Sin duda alguna la visita a Tlaxcala fue una de las que más me agradaron por parecerme que en ella no hubo sesgo nacionalista alguno como si se encuentra en otras zonas del país, mismamente en el mismo México D.F. donde al visitar en el Palacio Nacional los murales de Diego Rivera, figura insigne del arte pictórico mexicano, en la contemplación de los mismos se advierte una clara animadversión hacia lo español como si en vez de haber llegado desde España la civilización en la que actualmente siguen instalados hubiera llegado la destrucción en forma de enfermedad, Iglesia, sometimiento de las personas… Es una visión la de Rivera que recogiendo elementos reales hurta otros positivos. Todo esto no empece para decir que los murales de Rivera del Palacio Nacional ya merezcan por sí solos la visita al país.

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Por lo comentado en el párrafo anterior se entenderá que prefiera la plasmación que otro pintor mexicano, Desiderio Hernandez Xochitiotzin -mucho menor en calidad artística al ‘sapo-rana’, como denominaba Frida Kahlo, cuya casa-museo tuve ocasión de visitar durante mi estancia allá, a Diego Rivera-, hace en los murales que se pueden contemplar en el interior del Palacio de Gobierno de la ciudad de Tlaxcala. Tanto él como el amabilísimo cicerone que nos comentó las pinturas para nada menoscabaron el papel de los españoles allí llegados. Es más ambos insistieron en la inteligencia mostrada por ese hombre -Hernán Cortés- que a sus 34 años de edad supo ganarse la amistad de Moctezuma, casarse con una esclava suya, la conocida como la Malinche, que le ayudó en la conquista de Tenochticlán sirviéndole de intérprete al ser conocedora de la lengua mexica, asociarse cuando así lo exigieron las circunstancias con los tlaxcaltecas que llevaban más de 80 años sometidos humillantemente a los mexicas y con astucia y superioridad en armas conquistar un territorio inmenso.

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Si dejo ya la historia a un lado, he de decir que la México de hoy es una ciudad viva, que bulle de actividad; una actividad que se percibe en el tráfago de su tráfico endiablado, en la cantidad de seres humanos que pululan siempre y a todas horas por sus modernas avenidas (Avda. de la Reforma,  barrio de Roma,  Plaza de Garibaldi, Parque de Chapultepec, Colonia Rosa, etc), que llenan de chiringuitos de comida donde consumen en cualquier momento del día las especialidades que allí se les ofrecen.

img_20190929_192458-1Por estas calles llenas de vida paseé y en ellas me topé con una tremenda manifestación reivindicativa acerca de los 43 estudiantes ‘normalistas’ desaparecidos hace ya cosa de cinco años. La petición unánime de los miles de manifestantes no era otra que “los queremos vivos” y “¿dónde están?“. Como estas demandas jamás son atendidas en esa manifestación -como ocurre en tantas otras de otros tantos países- infiltrados antisistema, anarquistas y violentos sin ideología clara se dedicaron a romper cristales de entidades bancarias, pintarrajear monumentos, romper mobiliario urbano… En fin, casi casi llegué a pensar que me encontraba en cualquier capital española de hoy mismo.

No pude despedirme de la ciudad sin visitar alguna de sus importantes librerías. llevaba en cartera dos que quería ver pues los comentarios que sobre ellas había leído en “Librerías” de Jorge Carrión me las hacían simpáticas amén de únicas. Eran “El burro culto” y la de Porrúa. Mientras que esta segunda sí la tenía localizada por la zona de Chapultepec, con la de nombre tan curioso no había manera de encontrarla. finalmente resulta que su propietario no quería dar su situación ya que sólo quería visitantes convencidos y sabedores de lo que buscaban. Mirando y mirando en internet pude encontrar una pequeña pista que me remitía a calle Liverpool, 12, en la Colonia Juárez. Y allá que me dirigí tras haberlo intentado con la de Porrúa que el día que la busqué se me hizo inencontrable. No así me sucedió con la otra indagación de la que, tras una pequeña odisea urbana hasta que la hallé, salí muy satisfecho.

El nombre de El burro culto no aparecía en la dirección de Liverpool,12. En su lugar me topé con una librería de segunda mano maravillosa con cantidad de fondo y con unas personas trabajando en ella que me atendieron muy amablemente. Buscaba yo algo sobre el Museo Arqueológico de México que no había visto en su totalidad; también me interesé por testimonios próximos al momento de la Conquista; y ya de rebote salí de la Librería Jorge Cuesta que así se llama esta Catedral de los Libros con un más que hermoso poemario en mis manos. Se trata de “Última función” de Marcelo Uribe a quien desconocía por completo. Lo he leído con delectación y creo que he descubierto a un magnífico poeta del que en mi ignorancia nada sabía.

 

 

 

 

 

 

“Más cerca aún” de Natalie Daniels

46816420._SY475_Estamos ante una novela escrita por una mujer y dirigida esencialmente al público femenino. Esto, naturalmente, no quiere decir nada, ni mejora ni empeora la calidad del producto. Pero en mi opinión si abusa de tópicos considerados propios de la mujer (los hombres son unos vagos, los hombres sólo piensan en acostarse con mujeres, los hombres no ayudan dentro del hogar en las labores domésticas, etc) entonces se escora peligrosamente del lado de una literatura facilona  que no va a cuestionar nada sino que va a aceptar sin rechistar todo lo que lleva muchas décadas bien asentado en la sociedad.

La historia que se presenta en esta narración es la de una psiquiatra, la doctora Emma Robinson, que en un centro psiquiátrico de internamiento debe decidir si una mujer allí recluida, Connie Mortensen, periodista y escritora profesional, está en condiciones mentales de enfrentarse a un juicio por intento de asesinato de dos niñas, una su propia hija Annie, y por haber atentado contra Ness, una vecina íntima con la que mantenía una estrecha amistad y cuya hija Polly es la otra niña contra la que atentó. Ella, Connie, no recuerda nada de nada.

Todos los esfuerzos de la Dra. Robinson tienden a provocar el estallido del recuerdo en la mente de Connie. Por eso en la novela a través de las entrevistas o sesiones de terapia que mantiene con la reclusa Connie la psiquiatra se remonta hacia atrás del suceso terrible que se le imputa para intentar así la recuperación de la memoria. Pronto Connie, que cuenta en 1ª persona estas sesiones de terapia, se encariña con la doctora a la que ve como una persona frágil y a la que como si del efecto rebote de un medicamento se tratara va a destapar en su interior el recuerdo de un penoso suceso acaecido seis años atrás y que desde ese momento, casi sin saberlo ella, le ha condicionado la vida.

Tres son pues las patas del banco que sostienen esta historia, y las tres son mujeres: Connie, la reclusa internada en un psiquiátrico; Ness, su amiga íntima; y Emma, la psiquiatra que intenta encontrar una explicación al terrible suceso que ha llevado a que la prensa califique a Connie como “la mamá monstruo” o algo así. Los hombres son escasos y como ya he dicho antes están en el relato sólo para reforzar la imagen de mujeres sufridas y/o engañadas de sus parejas. Son: Karl, marido de Connie y padre de Josh y Annie; y Si (Simon) el marido de Emma que es músico de orquesta. Quien haya llegado hasta aquí en la lectura preguntará: ¿Y qué hombre atribuimos a Ness? Pues ninguno en principio porque Ness es pareja de Leah, exitosa presentadora de televisión. O sea que en el abanico de estas tres mujeres la autora nos ofrece variedad de tipos femeninos: dos heterosexuales (Emma y Connie), una homosexual (Leah) y otra bisexual (Ness). No está mal.

Natalie Daniels (novelista)
La novelista Natalie Daniels

Dado que nos movemos dentro de un espacio en el que la definición sexual tiene su importancia la autora dedica atención a este aspecto. Ellas –sobre todo Emma– lamentan la obligación que tienen de atender los requerimientos sexuales de sus parejas, pero al tiempo se felicitan porque una vez pasado el trago quedan liberadas durante una serie de días. De otra parte hay mujeres como Ness que parecen disfrutar del sexo en todas sus versiones: sola, en compañía femenina o en compañía masculina, e incluso llega a fantasear con otras combinaciones eróticas quizás más estimulantes. Diríase que por su belleza y ademanes despierta el deseo en los hombres y mujeres que se le acercan. Es precisamente el sexo, una de las bazas que explotan estas novelas que buscan el aplauso fácil y la confortable aceptación popular. Aunque Natalie Daniels no se demora en los aspectos sexuales es evidente que éstos pulsionan sobre las conductas de los personajes, en especial las de ellas que parece deben estar siempre atractivas para ser aceptadas y deseadas por los otros.

Como cualquier best seller, en especial aquellos no muy logrados, los personajes son bastante planos, sin apenas evolución mostrándose tal cual casi desde el principio. Sólo Emma y Connie conocen cierta evolución que se nos va desvelando en el curso de las sesiones terapéuticas que tienen ambas. En estas sesiones se nos va desvelando que Connie sufre “chifladura psicótica bipolar” (sic en palabras de la propia Connie) por culpa del abuso de las benzodiacepinas que tomaba como si fueran caramelos y que le había recetado su doctora de cabecera., “una mamá pija del colegio a donde iban sus hijos”.

Quizás el asunto del consumo inmoderado de las benzodiacepinas sea la única denuncia social clara y más o menos bien desarrollada que aparece en el relato. El resto de asuntos -¡una infinidad!- que se tocan se hace de manera muy superficial en general: los embarazos entre adolescentes, la monotonía sexual en los matrimonios, la mala praxis médica en la receta de fármacos adictivos, el alzheimer, la menopausia, la hipocresía social (“Adrián, el abogado solidario que defendía a las mujeres víctimas del tráfico humano pero frecuentaba a prostitutas”; o cuando al hablar de una pareja amiga, los Stevenson. Dice de ellos que “se declaran antifascistas pero no soportan que nadie contradiga sus opiniones”), la islamofobia, los excesos de los ingleses en sus vacaciones en España, los ahogamientos de inmigrantes en el Mediterráneo, etc., etc.

Junto a los asuntos anteriores la fabricación del best seller que “Más cerca aún” es se realiza con alusiones a temas musicales y/o grupos conocidos por el gran público: grupos británicos de los 90 como “Babybird” o de los 70 como “Joy Division“; el canadiense Rufus Wainwright o los clásicos “The Temptations“, Ian Dury, Siouxsee, “The Clash“, “The Cure“, etc. En fin, musicalmente, hay para todos los gustos dentro de la música pop. La novela por este lado será del gusto de un amplio grupo.

Hotel du lac de Anita BrooknerDe literatura he encontrado alusiones a Agatha Christie, Enid Blyton y Anita Brookner. Precisamente la novela que lee Emma en sus desplazamientos en metro o autobús es “Hotel du Lac” de Anita Brookner. Esta novela, que fue premio Booker 1984, plantea precisamente un asunto semejante al que Emma intenta lograr con Connie: llegar a la verdad superando las trampas y los obstáculos que una memoria reacia al recuerdo acostumbra a interponer. Estoy casi convencido de que esta novela de Anita Brookner está en la base de la génesis de la de Natalie Daniels. También y como de pasada hay una alusión fugaz a la pintura de David Hockney cuando se describe la reproducción de un cuadro de este artista.

En cuanto al aspecto formal, la novela se distribuye en 20 capítulos que van alternando los de la narración en 1ª persona de Connie con los de narrador externo que protagoniza fundamentalmente la doctora Robinson. Otro narrador que aparece en el relato, sobre todo en los capítulos focalizados en Connie, es Annie, la niña pequeña de Karl y ella que muestra a través del Diario que ha escrito otras perspectivas de lo acontecido a los personajes adultos.

Del aspecto lingüístico de la novela poco puedo decir al tratarse de una obra traducida, pero respetando la labor de Neus Nueno Cobas, su traductora, diré que el vocabulario que la autora utiliza es en ocasiones por demás cotidiano; con el vago deseo de ser duro y directo hace uso de términos vulgares muy extendidos lo que sin duda agradará a un número amplio de lectores (‘jiñar’, ‘polla’, ‘follar’, ‘cagar’, ‘mierda’…). Pero igual que echa mano de vulgaridades, recurre otras veces a cursiladas lingüísticas como cuando al hablar de la Dra Anita Rhys Evans, madre con la que Connie ha coincidido en la guardería y colegio de sus hijos dice que su hija Hannah va a un colegio pijo (“colegio para Niñas Santa Pija del Pino”) mientras que Josh va a la “Academia Pública del Público de la esquina“; o cuando hablando de la atracción que generaba Ness, Connie dice que “ella jugaba en otra liga”.

En mi opinión estamos ante una novela despropósito en la que todo se reduce a pura acumulación sin orden ni concierto y que llega al culmen cuando para alcanzar el punto climático del relato hace acopio de todo lo que puede en opinión de la escritora causar zozobra o cierto espanto en sus lectores: sangre de menstruación que corre muslos abajo, más quemaduras de salfuman que arden sobre la piel, más drogadicción por benzopiadinas, más locura transitoria, más bipolaridad, más…¡¡Demasiado!!

La Feria del Libro de Madrid y el Hornazo de Salamanca

Este fin de semana, mediada la FLM19 (78ª edición de la Feria del Libro de Madrid), acudí a la misma para ver a mi buen amigo Ezequías que firmaba sus libros en la caseta de la editorial Huerga&Fierro. Además de verle y charlar un poco con él como otros años que ha firmado, me movió a hacerlo esta vez el que Ezequías me hubiese distinguido con el honor de escribirle el prólogo de su último libro de relatos que lleva por título “Sólo hay una clase de monos que estornudan”.

Además había quedado citado en la caseta que lo albergaba con Paloma (Kirke Buscapina en la blogosfera) administradora del blog “Leer, el remedio del alma”, uno de mis preferidos. Ella deseaba conocer a Ezequías y que le firmase un ejemplar de esta última colección de relatos. Paloma acudió con su marido y unos amigos; yo por mi parte lo hice con otros amigos, aunque en el momento de nuestro encuentro sólo estaba con Ángel pues los otros dos estaban intentando aparcar el coche en el que habían venido hasta Madrid (¡oh, atrevidos!).

Del encuentro que Paloma y yo tuvimos con Ezequías Blanco, el autor, da testimonio la foto que acompaña estas palabras. La Feria, ya se sabe, casi siempre, y más un sábado con Ezequias y Paloma en la FLM19 por la tarde, es igual: bullicio, mucha gente, colas interminables esperando que los popes de la literatura firmen ejemplares de sus últimas creaciones, polvareda, niños que protestan agobiados por la gente y el calor que, afortunadamente, ese día no fue mucho.

Tras el intercambio de palabras con el escritor, la firma dedicada que nos regaló y las fotos que nos hicimos con él solo, con él y los amigos, con él estando nosotros fuera de la caseta, con él y nosotros dentro de la caseta, etc., Paloma y acompañantes, y yo junto a mi amigo Ángel caminamos un poco antes de despedirnos. Durante el trayecto y al comentarles que la amistad con Ezequías se remontaba a nuestros años de estudiantes en la Universidad de Salamanca, Paloma comentó que su hija les había traído de una visita a la ciudad un hornazo. ¡Alimento contundente donde los haya!, exclamaron ella y su marido. Fue entonces cuando sucintamente les conté el origen de este producto típico de Salamanca.

El Hornazo y el Lunes de Aguas

La tía FingidaSalamanca siempre ha vivido de y por su Universidad creada por Alfonso X el año 1218. Conozco la fecha con precisión porque durante el curso 2018-2019 se está conmemorando el 800 aniversario de la Fundación de la misma. Pero no quiero desviarme de lo que quiero contar. Resulta que de siempre los estudiantes, como reza una inscripción cervantina que figura en el arco de San Martín, uno de los que dan acceso a la hermosa plaza que tenemos, han sido gente vocinglera y bulliciosa y han dado de comer a nuestra ciudad. Dice la inscripción que figura en ese arco  que cerca de doce mil estudiantes estudiaban en esta universidad. Y como jóvenes que eran tenían que satisfacer sus apetencias naturales amén de las veleidades que a veces les urgían. Entre estas necesidades y veleidades estaba naturalmente dar salida a la fogosidad lógica de tanta juventud. Y esta salida estaba en cierta manera bien organizada.

Existía un cargo, una autoridad, conocida como Padre Putas (hay que darse cuenta de que los estudiantes eran en su mayoría seminaristas y/o eclesiáticos), que controlaba en cierto modo la actividad de la prostitutución que se ejercía a espaldas -quiero decir, inmediatamente a la vuelta- de la zona conocida como la Clerecía donde se desarrollaba la actividad escolar. Todo funcionaba correctamente, pero la Iglesia, el Obispado, exigía que durante la Cuaresma la abstinencia de carne fuese total: tanto la comestible animal como la delectable femenina. Era por esto que durante este período todas las prostitutas eran sacadas de la ciudad y llevadas al otro lado del rio Tormes donde debían de aguardar hasta que finalizada la Semana Santa y la octava de la misma, o sea, ocho días más tarde, el lunes, el Padre Putas pasaba en barcaza el río trayendo a todas las mujeres que habían estado fuera de la ciudad para evitar el pecado. Un gentío de jóvenes estudiantes las esperaban a la orilla del rìo donde con grandes empanadas rellenas de jamón, chorizo, lomo y otros ingredientes chacineros (los hornazos) y dedicaban la tarde de ese lunes llamado de Aguas por el paso del Tormes a merendar en el campo con las prostitutas que allí regresaban. En alegre francachela con los estudiantes ellas volvían a la ciudad dando por finalizado el período de abstinencia en las dos vertientes de carne antes señaladas.

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Antaño, cuando yo era pequeño, los hornazos sólo se hacían para esta fecha, para el Lunes de Aguas que desde siempre por la tarde era y es festivo, saliendo los salmantinoes a merendar al campo en recuerdo de esta tradición. Pero el turismo todo lo confunde, todo lo mezcla, todo lo mercantiliza, y el hornazo salmantino hoy ha quedado convertido en producto típico de la gastronomía local. Un producto que todo hay que decirlo a mí me encanta y que os recomiendo lo degustéis cuando acudáis a la ciudad.

 

“Ateos que creen en Dios” de Andrés Montero

Llega este libro a mis manos vía Edición Anticipada. Cuando me lo ofrecieron sólo pensé en que me apetecía seguir leyendo poesía pues no en balde acababa de disfrutar mucho con la de Francisco Caro, poeta al que descubrí a raíz del homenaje que el pasado día 8 de enero le hicieron sus amigos poetas.

Es bueno enfrentarse con obras que no tienen mucho interés para así saber valorar en lo que se merecen las que sí que lo tienen. Ir de lo bajo a lo alto, aún teniendo su dificultad, es posible hacerlo; pero realizar el camino inverso, caer desde lo alto para hundirse en el tremedal de lo inferior no es fácil de asumir cuando hablamos de delectación artística.

Toda la reflexión anterior viene a cuenta de la sensación que me ha invadido mientras he pasado las páginas y leido, -si, también he intentado prestar la atención debida a lo que allí se decia- el poemario “Ateos que creen en Dios” que firma Andrés Montero. Descendia yo, como quien dice, del monte Horeb con las tablas de la ley entre mis manos tras haber degustado la poesía de Paco Caro cuando me enfrento a un librito de apenas 50 páginas en el que en breves composiciones (la mayor de 21 versos [XXXIII, XL], y la menor de uno solamente (XVIII: “Es la fe la que ha matado a Dios“) el autor que, según leo en su biografía, es psicólogo  y licenciado en matemáticas, se enzarza en una especie de mental práctica masturbatoria respecto a la idea de Dios.

Dios me escucha, Dios está sordo, Dios no existe, a Dios le rezamos, Dios es una invención de los hombres, Dios no se hizo hombre, sino que los hombres hicieron a Dios; Dios es eterno; Dios es preexistente a todo; Dios es una utopía… Y asi, de esta guisa, son los XLI poemitas, yo diría más bien rimas, en las que Andrés Montero al cabo de las mismas viene a concluir con un lugar común más que aceptado por la comunidad de hombres y mujeres que habítamos el mundo: el único Dios auténtico es el Amor; Dios es Amor. Por ello,  por ese infinito amor que se produce entre los seres humanos “todas las madres ateas / son profundas creyentes en Dios / aún ignorantes de su fe / igual que los amantes esposos, / o las novias en pasión” (XXXIX).

Bien es cierto que los géneros que más se parecen entre sí son el del ensayo y el poético. Sin embargo existe en la Poesía una calidad inasible, difícil de explicar si no es a través del pensamiento intuitivo; una calidad que se apoya esencialmente en la ‘elisión’, en la ‘alusión’ y en la ‘elusión’. E incluso, por seguir con el juego de palabras, me atrevería a incluir también entre estos constituyentes poéticos la deseable ‘ilusión’. El ensayo, por su parte, está más en el deseo de sostener una idea, de defenderla con argumentos racionales, de apoyarla con sutileza pero con contundencia. Es esto segundo lo que yo creo ver en esta breve obra. Poco importa que toda la argumentación esté escanciada en XLI breves apartados, que podríamos llamar estrofas o rimas dado que están formadas por breves frases que llamaríamos versos o, casi mejor, versículos. ¿Pero en verdad estamos ante una obra poética? Ciertamente tengo mis dudas. No porque algo se escriba en breves líneas agrupadas en elementos asimismo pequeños podemos hablar de Poesía. Faltan muchas cosas, en especial, el ritmo, y también aquellos mecanismos retóricos que sirven para mediante desviaciones crear el lenguaje poético. Yo, al menos, no los he visto o sabido discernir.

En esta obra su autor se queda en la mera plasmación de la idea que sobre Dios él tiene y que se resume en lo siguiente: Dios no existe, es una pura creación humana. Los hombres recurrimos a esta idea inexistente cuando algo nos sobrepasa. Tan sólo una idea -dice Andrés Montero- salvaría a Dios, es la de “Dios es Amor”.

Siempre me ha parecido paradójico el fuerte conocimiento que los ateos militantes tienen de Dios. Y no sólo esto, sino también la intransigencia con que exigen a los creyentes o seguidores de una religión que la practiquen. En este conjunto de estrofillas se percibe el profundo conocimiento que Andrés Montero tiene de una práctica religiosa: el cristianismo. Y se observa en el entreverado que realiza en algunas de las XLI rimas entre versículos creados por el poeta y otros tomados de oraciones de los cristianos católicos: “que estás en los cielos / Santificado sea tu nombre” (rima IV), “Ruega por nos / Santa Madre de Dios” (rima VI), etc.

Hay mucho conocimiento religioso en el poeta  y quizás también un desesperado deseo, inalcanzable e imposible, de que Dios exista. En este sentido mientras leía las rimas de Montero la poesía de Blas de Otero, en especial el brutal grito que se esconde en su poema “Hombre” acudía a mi memoria. Este grito desesperado lo he querido ver en la composición VII (“por qué, por qué, cuándo / preguntando, reprochando / por qué, por qué me has / abandonado. Decepción.”). También, en general por todo el poemario, he querido ver la figura de Miguel de Unamuno en ese deseo de creer siendo racionalmente ateo.

Desde el punto de vista literario hay momentos en que aparecen aciertos, destellos que justifican la lectura. Me han gustado algunas construcciones ciertamente afortunadas como cuando en XIV habla de un Dios gramatical “sin faltas de ortografía, / con sintáctica de imperativo / y domingos de guardar.” También creo que alcanza calidad poética en algunas de las imágenes del tipo “Dios es….” que por decenas abundan en el poemario, si bien cuando en XXX, en el ejercicio de su libertad creadora, llega a decir que “Dios es un error / en tiempo de compilación, / un código de programación / fallido al interpretarse / a lenguaje máquina, / al ser ejecutado en mente y corazón / por lento software biológico.” creo que el exceso le puede. Por último hay predominio de la adjetivación con preferencia por la de tipo bimembre; la rima XXXIV es llamativa en este sentido: ‘estrecha inteligencia práctica‘, ‘lo desconocido apàtrida y extraño‘ ‘anormal configuración irreal‘.

Pero en conclusión este conjunto de frases, de versículos agrupados en XLI estrofas tiene más de contenido, de transmisión de una idea que de forma. En este sentido la rima XL expresa con claridad la idea que viene a defender el poeta-ensayista: [—–] / Amamos sin saber qué es amor / y por ello lo intelectualizamos, / por el amor nos unimos a Dios / sin conocer la esencia divina / y por ello lo antropomorfizamos / [—–] / Cada culto religioso es un poema / que conjuga a Dios con distinta rima, / una liturgia en la que reflejar / nuestros modos de pensar y sentir, / nuestros ideales de actuar.  Y lo que desde el principio yo me pregunto es ¿por qué en vez de utilizar la prosa ensayística para transmitir este pensamiento, el autor ha elegido la expresión poética?.

“Cuadernos del Matemático” cierra

carter cmCuando el pasado 17 de septiembre Ezequías Blanco, director durante 30 años de la revista literaria en papel “Cuadernos del Matemático” me envió la convocatoria del 30 aniversario de la Revista a celebrar el 5 de octubre en el Teatro Federico García Lorca de Getafe pensé que estábamos ante una fiesta por haber alcanzado tan señera fecha como afortunadamente otras veces así había sido.

Es hoy, tres días después del evento getafense al que no pude asistir, cuando, al abrir el ordenador, me  topo con otro correo de mi amigo “Zaca” en el que me envía el enlace al video titulado “Cuadernos mágicos” realizado por Rufo Pajares que se pasó durante la Celebración tal y como rezaba el Cartel anunciador. Pero dicho cartel omitía lo más duro: el cierre definitivo de la Revista. La razón de tal omisión era que ya Ezequías la había comunicado en el magnífico número triple (56-58) de Cuadernos. La humildad de Quías y la levedad lectora con que nos movemos hoy día hizo que yo -y seguramente alguno más- no leyera la noticia del óbito. Venía claramente expresada en una nota al pie del editorial que abría el número:

«Por estas y otras buenas razones, con este número especial (56-57-58) de celebración de los 30 años de la publicación, la revista Cuadernos del matemático cierra sus puertas y, como los buenos toreros, se corta la coleta con la alegría de haber vivido mucho y de haber hecho camino al andar junto a vosotros y junto a otros que ya se nos marcharon definitivamente.

Hoy he visto el video de Rufo Pajares y allí todo queda claramente explicitado. Bajo la forma de una ensoñación el director de la publicación con este último número en sus manos dormita y en sus sueños se ve a sí mismo empujando un carro de supermercado que contiene números de la revista, refrescos y papeles escritos. Al principio empuja él sólo pasando frente al edificio del I.B. Matemático Puig Adam donde nació la revista; pronto se le une Matías Muñoz y al pasar frente a la farmacia que regenta Cristóbal López de Manzanara se une al grupo que hace caminar el carrito adornado con carteles que dicen “Poesía necesaria”, “El poder de las palabras” y ” Cultura es libertad”. En su deambular alegre pasan frente a la imprenta Xiana que durante todos estos años se encargó de imprimir la Revista y darle la elegante configuración que desde el principio ha lucido. llegan tras un largo deambular por trochas y caminos a un cruce donde está sentada una mujer a la que preguntan por el camino a Salamanca. Ella les demanda a su vez que le den algo. Ezequías le lleva una cerveza y el último número de la Revista por el que le pide 20€. Ella se ríe cuando le dicen que es el precio de la revista de Poesía: “¿Veinte euros por ‘esto’?” El director se enfada algo con ella y le suelta la sarta de verdades que durante estos 30 años quienes la hemos leído hemos podido comprobar en cada uno de sus números:

¡Por esto, dice! Pero si es una revista en la que han escrito durante treinta años las primeras firmas tanto de aquí como de fuera; los artistas que hacen las ilustraciones y las portadas de exterior son conocidísimos desde aquí hasta Pekín. Pero si es una maravilla, es un milagro laico, es una isla de libertad, un objeto de arte en sí misma.

La mujer, al ver el entusiasmo con el que Ezequías habla de la Revista les dice que lo mejor que puede hacer por ellos es hacerla desaparecer y para significarlo corta el hilo de la madeja que como Parca que es sostiene en sus manos al tiempo que dice:

“Morir para ganar la eternidad”

cuadernos mágicos from carioco on Vimeo.

Las preguntas que se agolpan en nuestra cabeza cuando se produce una desaparición son siempre las mismas y no por eso son menos importantes. Más que reflexionar sobre los motivos de su desaparición que creo, a poco que uno se lo proponga, todos adivinamos, me parece de mayor interés recordar la alegría de su nacimiento, la fuerza con la que Ezequías y los amigos getafenses que comadronearon el parto acometían los números de una revista literaria de creación y además fundamentalmente poética. Desde luego la empresa a todos nos parecía heroíca con inmensas dosis quijotescas. ¿Poesía? ¿En un Instituto de Secundaria? ¿En una localidad como Getafe? ¿Un producto en elegante papel satinado? Pues sí y lo que es mejor es que según fue pasando  el tiempo: primero, los meses, más tarde, los años, luego los eventos conmemorativos… sus lectores veíamos cómo crecía  un producto que se asentaba en los medios culturales del país, un producto de una altura estratosférica que se vendía en centros especializados o comprometidos con la alta cultura. Un producto que desde hoy será de consulta obligada por aficionados y estudiosos de la literatura en las Bibliotecas que se precien de serlo.

ultimo número de la revista Cuadernos del Matemático

Desde aquí sólo me queda agradecer el enorme esfuerzo que durante estos treinta años han derrochado los que la han hecho posible: Ezequías, Matías, Cristóbal, Juliana, Angeles, Charo, Mercedes, y tantos, y tantos otros que día a día, mes a mes han trabajado con denuedo para crear esta maravilla que ha sido y ES “Cuadernos del Matemático”. Muchas gracias por ello.

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