Política ficción

Que vivimos en una realidad virtual es algo que cuando jóvenes nos advertían los mayores. Naturalmente uno desdeñaba estos avisos pues los viejos, ya se sabe, están siempre viendo catástrofes y demonios por doquier. No te digo ya cuando, considerando la deriva que seguía el mundo, la sociedad o el país en que nos encontramos, nos prevenían de los peligros en que podríamos incurrir o nos recordaban el pasado: sí, ya sabéis, esas cosas que dicen que ocurrieron años antes de que naciéramos, o sea, cuando inexplicablemente el Mundo ya estaba puesto en pie y eso que aún nosotros no habíamos llegado a él.

Toda esta larga introducción viene a cuento del sesgo que la política está tomando entre nosotros. Al ejercicio de la misma de siempre se han dedicado no pocos teóricos, en especial profesores y otros intelectuales que gustan de discurrir en su magín e imaginar evoluciones y cambios que sólo podrán realizarse gracias a sus magníficas dotes para la misma. El grueso del ejército político está formado por funcionarios, licenciados en leyes y juristas en ejercicio. Últimamente entre los funcionarios hay muchos profesores universitarios, en especial provenientes de las facultades de Ciencias Políticas y Sociales.

Cuando veo cómo se mueven y actúan estos neófitos con gestos de impostada grandilocuencia y cómo constantemente rememoran lo acaecido en España durante la década de los años 30 del siglo pasado no puedo por menos que pensar que estos chicos de en torno a los cuarenta años de edad -ahora se es chico, muchacho, joven, chaval, hasta edades bastante avanzadas- lo que están haciendo es una especie de ejercicios al estilo de esas prácticas que en la universidad proponían a sus alumnos.

Experimentar, innovar, cambiar, ensayar, teorizar…, todo eso es consustancial al ejercicio de la práctica política. Lo malo es cuando se presenta envuelto en giros argumentales al estilo de exitosos seriales televisivos que, se está comprobando, son su alimento principal junto a apolillados volúmenes de trasnochada teoría política socio-económica. Qué daño han hecho -y están haciendo- en ciertas cabezas inmaduras series como Juego de tronos, El ala oeste de la Casa Blanca, House of Cards o la magnífica Borgen.

Parece mentira que personas a las que queremos creer mentalmente bien formadas no alcancen a vislumbrar los límites que existen entre lo ficcional y lo factual. Malicio que sí lo saben pero que su intención es explotar la indefinición de fronteras que al respecto tienen muchos de aquellos que las ven. Los y las Belén Esteban de turno han sido sustituidos ahora en los platós televisivos por políticos y periodistas poco independientes que en prime time acaloradamente discuten, se insultan, casi llegan a las manos por, teóricamente, apoyar unos u otros planteamientos políticos. Al convertir la política en espectáculo de masas, los ciudadanos -algunos utilizan la expresión ‘la gente’- la integran en su cotidianeidad y disfrutan con los zaskas que se dan unos a otros añorando ser convocados a manifestarse en la calle por cualquier motivo o a las elecciones que sean para sentirse vicariamente protagonistas.

¡¡Y que en un país taurino no nos demos cuenta del tremendo engaño y de quienes lo tremolan ante nuestras narices!! Quizás esto explique que la fiesta de los toros esté en horas bajas.

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Elegir

Vivir es un ejercicio constante de elegir entre opciones o posibilidades. Estas elecciones son la base de la libertad. Somos libres, nos decimos libres, nos creemos libres simplemente porque elegimos. Elegimos amistades, elegimos estudios, elegimos trabajo, elegimos pareja, elegimos ser padres, elegimos administradores de la finca donde vivimos, elegimos… Sí, constantemente elegimos. La pregunta que me hago es la de si cuando opto por algo dejando otras opciones afuera estoy siendo libre en sentido pleno. Aquí ya tengo mis dudas.

Creo que como en tantas otras cuestiones me engañan en las elecciones. Las amistades, cuando somos niños, más que elegidas son inconscientes tablas de salvación a las que nos aferramos para evitar la temida soledad; sólo cuando vamos creciendo nos desprendemos deliberadamente de algunas por su toxicidad o por su irrelevancia para con nosotros. En la elección de formación hay demasiada conducción por parte de nuestra familia, de nuestros educadores e incluso del conjunto de la sociedad que entiende que es el momento de más médicos, más fontaneros, más informáticos, menos pilotos de aerolíneas o menos azafatas de congresos precisamente porque los congresos han desaparecido, los hospitales están a tope, los viajes en avión son algo que se practicaba con gusto antaño, el mundo digital es una realidad no sólo virtual sino muy tangible y, desde luego, que llegue y siga saliendo agua por los grifos de nuestra casa-prisión-refugio es no sólo importante sino absolutamente necesario.

Incluso la elección de pareja está subordinada no pocas veces a una serie de tangibles circunstancias que muchas veces escapan a nuestro control y casi siempre a nuestra racionalidad. Sin embargo que suceda tal cosa cuando se tocan los terrenos del afecto me parece fantástico. En un mundo en el que primamos la dirección racional en todo, que en lo más importante sea la pasión irracional la que empuje nuestro obrar es maravilloso. La elección de aquella persona que va a dirigir la finca donde vivimos durante un período fijado de tiempo se diría que es libérrima aunque viene supeditada dicha optatividad por los requisitos fijados en los estatutos de la finca y a lo decidido por los miembros comuneros en cuanto a posibilidad de la elección, imposibilidad de renuncia al cargo, orden de prelación , etc., etc,

Muy semejantes a la elección de Presidente de la Comunidad de Vecinos vienen a ser esas otras elecciones, digamos, más políticas. Sí, me refiero a las elecciones de los administradores de las Fincas Grandes donde vivimos, o sea, nuestras Comunidades Autónomas o/y la que suponemos engloba y acoge en su interior a éstas, es decir, España. Mi pregunta es: ¿somos libres de elegir a quienes durante cuatro años seguidos van a señalarnos las lindes por donde hemos de conducirnos? Si los electores somos libres de hacerlo como no se cansan de manifestar los elegidos, ¿cómo casa eso con afirmaciones como las que se lanzan irrespetuosamente a la cara unos a otros sobre que determinadas opciones políticas no volverán a tener representación en el Parlamento?¿Es que son adivinos o es que van a establecer condiciones que coarten a los ciudadanos la libertad de elección? ¿No debería de ser al revés: que sean los ciudadanos quienes con el ejercicio de su libérrimo voto establezcan quienes se sientan en esos escaños y quienes no?

Creo que a las personas que sostenemos el tinglado con nuestro esfuerzo diario y que en nuestra vida personal nos vemos constreñidos por un sinfín de apreturas y dificultades no se nos debiera tratar de idiocia como hacen aquellos que están ahí por gracia nuestra. No me parece de recibo que los gobernantes convoquen comicios sólo cuando las encuestas electorales les favorecen y pretendan escabullirse de los condicionamientos legales que ¡ellos mismos! establecieron en su día. A eso lo llamo yo manipulación y fraude. Creo que si por definición ya mi voto personal vale muy poco diluido en el café de los millones de votos que entran en la taza electoral, al menos debiera procurarse no engañar al Cuerpo Electoral y quienes lo formamos estar atentos y no dejarnos confundir por la incontenible, vana y vacía de contenido verborrea de algunos.

¿Bilingüismo o diglosia?

Durante mis casi 40 años de docencia constantemente he insistido a mis alumnos en lo importante que es en un país multilingüe como el nuestro defender el bilingüismo frente a la diglosia. Ser una nación en la que se hablaban cuatro lenguas -les decía por entonces- era una riqueza cultural que debíamos de defender y preservar entre todos. Quizás hoy hacer este discurso fuera más difícil habida cuenta de que ahora mismo quien más quien menos se apunta al carro idiomático-identitario y surgen por doquier hablas, falas, bables, etc., por eso de sacar réditos a la cosa.

Por entonces en la sala de profesores frente a otros colegas más renuentes defendía yo la necesidad de que en España en alguna Ley de Educación algún gobierno estableciese la obligatoriedad para todos los alumnos de, en algún momento del curriculum, estudiar alguna de las otras tres lenguas no oficiales para toda España. Pensaba yo, y lo sigo pensando en la actualidad, que tal estudio crearía lazos de unión más fuertes entre todos y sería una buena receta para luchar contra las fuerzas centrifugas sin caer en el centralismo. Como se ve nadie me oyó, lo que es lógico dada mi insignificancia; lo más grave en mi opinión es que a ningún político de los cientos y cientos que tenemos y hemos tenido se le haya pasado por la cabeza una propuesta semejante.

La única propuesta que creo recordar se ha hecho en alguna ocasión respecto al conocimiento de estas otras lenguas regionales ha venido de la mano de algún partido nacionalista propugnando el estudio de su idioma fuera de su autonomía por todos los españoles. Esta idea claramente supremacista surgía ya condenada a un buscado fracaso a fin de alimentar el agravio secular. Al ser rechazada se venía a poner de relieve una vez más el pretendido aplastamiento de la identidad de una zona de España la cual tenía la obligación de conocer el español o castellano y el derecho a usarla mientras que el resto de nacionales no tenían tal obligación respecto a la suya.

Para paliar en la medida de sus intereses esta igualdad bilingüe dentro de sus zonas los políticos regionales de turno, nacionalistas las más de las veces, practicaban la diglosia frente al bilingüismo. Quiero decir que bajo una serie de vocablos, subterfugios o mera palabrería venían a promover el uso de la lengua regional frente a la española con disculpas diversas muchas veces contradictorias: integración, inmersión, inclusión… Pero lo que en el fondo transmitían era que con el idioma regional se alcanzaban mejores metas dentro de esa zona geográfica. O sea, se estaba impulsando la diglosia, que no es otra cosa que provocar en una zona con dos lenguas el uso de una u otra por motivaciones extralingüísticas.

Hasta ahora los estatutos de autonomía respectivos y las leyes de educación en vigor hablaban de bilingüismo y no de preeminencia, si bien como es lógico en cada territorio se defendía el uso vehicular de la lengua propia en la enseñanza. Sin embargo, parece, por lo que los medios transmiten, que en la nueva Ley de Educación que, como no podía ser menos en cualquier gobierno que se precie, se está gestando a la sombra del debate de los Presupuestos, desaparece la consideración del castellano y de las otras lenguas cooficiales como vehiculares en la enseñanza; de esta manera, sotto voce, se expulsa por Ley al castellano de la enseñanza habida cuenta de que los estatutos de autonomía sí que hablan de que la lengua propia de la autonomía lo es en ese ámbito.

Así que, a estas alturas de mi película vital, constato que lo predicado por mí durante años a los alumnos en clase -bilingüismo frente a diglosia- ha dejado de ser ‘verdad’ o al menos pertinente en estos momentos. Se defiende la diglosia sin nombrarla y se castiga el bilingüismo al eliminar la equiparación vehicular de las dos lenguas habladas en la comunidad respectiva. En mi opinión es un ladrillo más en el muro no de la identidad pues los muros -ni siquiera los de Trump- nunca son identitarios, sino en el de la distancia entre ciudadanos dentro de un mismo país. Cuantos menos elementos comunes compartan los unos y los otros más fácil será el corte, la separación definitiva. Porque si no es así, ¿a qué estamos jugando?

Vencer a base de eslóganes

No sé si de una p*** vez saldremos vencedores de la pandemia contra la que desde hace siete meses ¿luchamos?. Las armas empleadas al tratarse de cuestiones científicas es lógico que escapen a nuestro conocimiento. Sin embargo al ver cómo en las distintas oleadas los hospitales se iban o se van colapsando y constatar que las camas UCI son ocupadas por los pacientes una media de 21 días alcanzando algunos categoría de noticia televisiva al salir de ellas nada más y nada menos que a los 120 no se puede por menos que exclamar: ¡Madre mía, así no hay quien pueda descargar de enfermos hospital alguno!

Afortunadamente (intúyase aquí el tono irónico) los políticos desde sus asépticos y soleados despachos también luchan denodadamente contra la invasión invisible que es la COVID19. Así lo han hecho durante el verano, atentos siempre a mejorar la vida ciudadana, si bien, claro, tras unas merecidas vacaciones buceando en aguas cristalinas, yendo airosos en moto, tostándose al sol en nuestras desabarrotadas playas… Las vacaciones son irrenunciables, eso lo sabemos todos, faltaría más.

De regreso al tráfago citadino se han topado con que el Coronavirus, desatento como no hay par, no sólo no se había ido de vacaciones sino que había conquistado muchas de las plazas UCI y de las plantas de hospital que en abril y mayo había perdido. Había, pues, que retomar el esfuerzo aparcado y así lo han hecho. Igual que los procesadores de portátiles y smartphones conocen sucesivas generaciones que los van mejorando adecuándose a las nuevas necesidades, nuestros mandamases han seguido creando nuevos eslóganes ante los que el virus maldito sabemos de buena tinta tiembla como niño que se sabe perdido.

Este virus lo paramos unidos, uno de los iniciales dio paso a un convincente (¡?) “Saldremos más fuertes y otros de este jaez para llegar a un último España puede. Los ciudadanos ante esta realidad nos miramos atónitos unos a otros al ver el estado en que estamos inmersos y al que nos ha conducido el despropósito organizativo de nuestros dirigentes que fácilmente se resumiría en el “¡Sálvese quien pueda!” que ya constatamos durante las primeras semanas del Estado de Alarma y mando único, reconvertido ahora en mando descentralizado, o sea, en 17 mandos distintos en “co-gobernanza” (véase el palabro) -dicen-con el Gobierno central.

Lo duro y evidente es que no mejoramos, que todo se nos va en verborrea, en palabrería. Pasamos sin solución de continuidad de un ‘Somos los mejores en…’ a un ‘Somos los peores en…’. No tenemos término medio, no somos ecuánimes, no somos solidarios, demostramos un comportamiento infantil de mucho preocupar: si me prohíben hacer tal cosa, ya procuraré yo saltarme la norma; y si no me prohíben algo que sé peligroso para mí o los otros ¿por qué no voy a hacerlo? Terrible.

Recuerdo de mi juventud salmantina los eslóganes fijados con sangre de toro que existían en el exterior de las catedrales y otros monumentos señeros. Concretamente en la Catedral Nueva, al modo de los Vítores que durante el Renacimiento los universitarios salmantinos al licenciarse hacían colocar en las fachadas de sus casas, escuelas universitarias o iglesias y catedrales, lucía uno referido al dictador Francisco Franco que en macarrónico latín rezaba: “Franciscus Franco, Miles Gloriosus,”. La ignorancia en cuestión de eslóganes es muy atrevida y los aduladores franquistas ignoraban que en su afán de halagar estaban tildando al Generalísimo de “Fanfarrón“, algo por lo demás nada equivocado, desde luego.

Quizás este adjetivo sea consustancial a lo español como se vio durante la época imperial en que los soldados de los tercios que se paseaban por Europa era calificados de ‘bizarros‘, adjetivo con el que, en sentido trasladado, se les quería tildar de ‘arrogantes’, ‘vanos’, ‘presuntuosos’, etc., aunque ellos lo entendiesen en el sentido recto de ‘valientes’ o ‘esforzados’. Creo que en estos momentos aciagos está emergiendo lo que nunca ha desaparecido de nosotros: nuestra presuntuosa arrogancia vana e inane que ante las dificultades echa mano de estéril palabrería a la espera de que escampe el temporal. Qué le vamos a hacer. España y yo somos así, señores.

Mis últimas publicaciones en “El Blog de juan carlos”

Cabecera de mi blog en Blogger

No sé por qué Facebook e Instagram han bloqueado temporalmente los enlaces a mi página en Blogger de manera que no me deja difundir desde allí mis publicaciones en el blog. He comprobado que no realiza tal cosa con “Reflexiones”, mi otro blog, seguramente porque este último es de la plataforma WordPress. Por esto en Facebook colocaré hasta que tengan a bien desbloquearme enlaces a entradas en el blog “Reflexiones”; en dichas entradas colocaré enlaces que sirvan para redirigir al lector a “El blog de Juan Carlos”, mi blog principal.

Parece un poco rebuscada la solución, pero pienso que puede ser efectiva. Vamos a ver. De mano voy a dejar en este post los links de mis dos últimas publicaciones en blogger. Basta con pinchar en el nombre del libro:

1.-) “El ferrocarril subterráneo” de Colson Whitehead

2.-) “Soledad” de Carlos Bassas del Rey

Espero que la solución provisional sea efectiva.

¡y vuelta la mula al Trigo!

Creíamos que teníamos todo controlado. Es evidente que esta creencia no se avenía con el concepto de la denominada Nueva Normalidad. Si la normalidad se entendía como novedosa ¿cómo coños íbamos a tener todo controlado? Esa creencia es propia del pensamiento antiguo. Está claro que el COVID19 amén de mal bicho ha venido para poner boca arriba todo, todo. Valga hacer un breve repaso:

Todos esperábamos, como consecuencia del drástico confinamiento sufrido, que todo estaba bien controlado aunque hubiese algunos rebrotes puntuales. ¿Algunos? Pero ¡cómo, si a principios de mes ya rondábamos los 600 y hoy mismo andamos por los 837 brotes (1181 focos) la mayoría de éstos de categoría comunitaria, o sea, incontrolables!

Todos confiábamos en esa juventud que tan bien se portó con sus vecinos durante el confinamiento haciendo la compra a los mayores, ayudando en las asociaciones y/o parroquias que repartían comida a familias necesitadas… ¿Y ahora? Pues ahora -parece- son responsables de no pocos contagios al participar en  botellones multitudinarios o en after hours en los que gentilmente el Dj de turno rocía con bebida alcohólica expelida desde su boca a un sediento auditorio juvenil que lo jalea hasta la afonía demandando más y más de esa botella de la que él bebe.

Todos confiábamos en las instituciones deportivas que -decían-celebrarían sus triunfos con alegría no comunitaria como hizo el ganador de la liga de este año. ¿Todos lo hicieron? Para nada. Clubs ha habido que por ascender de categoría han salido en  manifestación multitudinaria a festejarlo. Al menos los fracasos españoles en la Champions nos han librado de posibles focos de contagio.

Y para mostrar que la Nueva Normalidad rompe con todo lo esperado por unos y por otros incluso la más alta representación del Estado, el Rey que trajo la Democracia a nuestro país se encandiló de unas faldas y como un perrito -mas bien un monito- fue olisqueando y bailando al son que le marcaba la mujer que le comió el seso y le hizo perder la  cabeza olvidando que su vida privada no podía ni debía cargarse la de todo el Reino. Olvidó que la buena fama tarda mucho en asentarse, y que la mala se gana con una mera acción, incluso sin haber sido confirmada aún judicialmente.

Sí, verdaderamente habíamos olvidado que la Nueva Normalidad no puede atacarse con los mismos presupuestos que la anterior. Si así fuera, para ese viaje no habríamos necesitado de ninguna alforja y menos aún de un largo y desabrido confinamiento del que nos decían en televisivas homilías programadas que nos harían mejores. Permítanme que, visto lo visto, lo ponga en duda. Volvemos donde estábamos. O casi.

¡Campana…y se acabó! [des]CONFINAMIENTO (temporada 13 y última)

Por fin parece que el verano ya llegó. Quiero decir que ya se nos dejará a partir del domingo 21 de este mes, primer día de Verano, salir a la calle para hacer lo que queramos y no sólo para que el perro haga sus necesidades o para que nosotros nos sentemos en una terraza a consumir con tiempo tasado; también desaparecen las limitaciones y las franjas horarias que, la verdad, ya nadie respetaba, aunque la norma seguía estando allí cual espada de Damocles y en cualquier momento podía caer sobre el infractor porque, es bien sabido eso de ‘al disidente, aplíquese la normativa vigente‘.

Lo mejor del fin del denominado Estado de Alarma es que vamos a poder desplazarnos libremente por todo el territorio nacional. Esto es lo que varias veces he oído decir al Ministro de Sanidad, pero yo ando algo mosca porque en estos 90 días de prohibición y limitación absoluta de éste y otros derechos muchas han sido las veces que de la noche a la mañana [entiéndase esto en sentido estrictamente literal] ha mutado la norma como por arte de birlibirloque. Si a la normalidad se la denomina ahora Nueva Normalidad, que Dios nos coja confesados porque todo puede pasar.

Es esencial, nos han dicho -mira lo fácil que habría sido haberlo pregonado con contundencia desde un primer momento-, el uso de mascarillas en espacios públicos, mantener la distancia entre personas de al menos metro y medio, e higiene, mucha higiene, con lavado frecuente de manos con jabón o geles hidro alcohólicos y la limpieza de superficies y objetos sospechosos con soluciones acuosas con un 20% de lejía. Las mascarillas se ven cada día más aunque hay irreductibles que se niegan a usarlas pese a estar cara al público, como mi quiosquero a quien creo que a partir de ahora, por persistir en esta actitud insolidaria, dejaré de comprar el periódico dado que cuando amigablemente se lo advertí me salió con una respuesta de pata de banco. En fin.

Lo que me parece más complicado y me produce hasta risa viendo los preparativos, es el asunto del baño y su compatibilidad con esa distancia normativa entre personas de metro y medio o dos metros. En mi comunidad de vecinos el presidente ha parcelado el minúsculo jardín en nada menos que 10 zonitas que no sé siquiera si cumplen el reglamento gubernamental. Como le hagamos caso creo que este verano vamos a estar más amontonados en la piscina que nunca. En fin, menos mal que los administrados solemos demostrar más juicio que los Administradores y nos saltaremos las líneas de plástico en que el jardín ha pasado de ser pequeño a estar formado por diez celdas que no serían válidas ni para una institución carcelaria.

Pero pelillos a la mar, amigos. Desde esta última temporada -de número aciago, cierto es- con la que cierro esta serie del Confinamiento primero y más tarde [des]Confinamiento, os convoco a todos a ser optimistas y a cruzar los dedos, poniendo cada uno de nuestra parte el cumplimiento estricto de las elementales normas de protección dictadas, para que el COVID19 se haya hartado de hacernos la puñeta y abandone definitivamente el país para no volver ¡nunca más!, ¡aínda máis!, mai més!, inoiz gehiaco!, a pasar por esta situación. En nuestra mano está. O, al menos, eso es lo que nos dicen,

Cada uno a su bola [des]CONFINAMIENTO (temporada 12)

Allá por el 28 de marzo cuando por este blog ‘echaban‘ la “Temporada 2” de este serial que -nos dicen- va llegando a su fin, titulé la entrega con el significativo y preocupante título de “Sálvese quien pueda”. No voy a glosar lo que allí dije porque se puede leer sin problema alguno, simplemente destacaré que ante el agudo problemón habido durante esos días en España por la falta de material sanitario de protección (batas, mascarillas, gafas, guantes, EPIs…) y los fiascos producidos en alguna de las compras en China, el Gobierno central que había establecido en el Ministerio de Sanidad la autoridad competente para realizar estas gestiones a fin de ganar efectividad y operatividad, decidió que fuese cada una de las Autonomías por su cuenta y riesgo quienes comprasen estos materiales sin perjuicio de poder seguir haciéndolo ellos mismos. De ahí mi “Sálvese quien pueda“.

En cierto modo el círculo tiende a cerrarse al vislumbrarse resplandores más que luces al final del túnel del Confinamiento que hoy mismo entra en su 84º día. Y digo que tiende a cerrarse, o sea, volvemos al principio, porque tras conseguir la 6ª prórroga del decreto de Estado de Alarma del 14 de marzo pasado y pasar el próximo lunes 8 de junio más de la mitad de España a la denominada Fase 3 de Desconfinamiento, el Gobierno del Estado ha decidido que sean las propias Comunidades Autónomas que estén en esa última fase las que decidan dar por finalizada o no la misma. Vamos, que el Gobierno se hace a un lado en el ejercicio de los poderes unificadores que le concede el susodicho estado para que sean los distintos territorios quienes decidan qué hacer. Desde luego ese famoso ‘Café para todos‘ que el Presidente Suárez decidiese en su día es cada vez más un ‘Sí, para todos, pero el mío es Puro Colombia y el tuyo de Robusta Africano no pasa‘.

Ahora que, quieras que no, llegarán los calores y nos iremos (¡por Dios, a ver si de una vez nos dejan salir de la Autonomía!) de vacaciones a la playa, a la montaña o a donde sea, empieza a ser momento de valorar lo que de bueno haya tenido este decreto por el que una autoridad central asumió toda una serie de competencias dada la emergencia sanitaria provocada por el Coronavirus. ¿Conclusiones? Por ahora desde mi humilde barril sólo veo una: en España sobran algunos Ministerios (sólo me fijo en los de verdad, no en los de nueva creación por necesidades de coalición). Me refiero en especial al de Sanidad, vaciado de competencias desde hace décadas y que bajo ese rótulo grandioso ha revelado la existencia de la Nada. Creo que en un Estado como el nuestro los poderes centrales debieran de trabajar para actuar como salvavidas de todos cuando ocurriesen calamidades o episodios extraordinarios como el actual. Y para ello debieran de tener elaborados planes de contingencia debidamente ensayados con antelación. Se ha demostrado que no era así. Sólo hay fachada. La desconfianza en los poderes centrales ha aumentado. Lo mejor, parece, es ir cada uno a su bola. ¡Qué pena me da!

“Patres conscripti” [des]CONFINAMIENTO (temporada 11)

Temporada 11 (undécima semana) de este serial que espero algún día dé paso a la vida real. Por ahora la vida es más virtual, digital y/o televisada que otra cosa. Llega a tal extremo la cosa que incluso las ‘news‘, que dirían muchos de los modernos que las protagonizan, se me/nos convierten en punto climático de la jornada monótona. Resulta que ahora la realidad lindante con la ficción sucede en los noticiarios que dan cuenta de las actividades de los que mandan, los cuales se las ingenian para que sus discursos propagandísticos vengan a coincidir en horario con aquellos y así entrar por sorpresa y sin previo aviso en la morada de los ciudadanos a quienes deben servir.

Cuando tales coincidencias es difícil hacerlas pasar por casuales, nuestros “patres conscripti” (miembros del gobierno, congresistas y senadores) se las ingenian para montar el bollo a cual más grande, enorme, grosero zafio, provocador, insultante, tremendo… con que dar carnaza a los diarios de noticias televisivadas, radiadas o de prensa y así entretener, a la par de embrutecer, al personal, o sea, a nosotros, el pueblo soberano que los colocó en esa posición preeminente para que resolviesen los problemas del país y no para divertirnos con sus gracietas, zascas, golpes de ingenio, cortes al adversario, etc. que luego, incansables, la legión de ‘soldaditos’ a su servicio divulgarán por las redes sociales a fin de aumentar o al menos conservar el ejército de seguidores del ideario no vaya a ser que pronto haya que volver a pasar por las urnas.

De tremendo, vergonzoso, bochornoso, obsceno, impúdico, deshonesto, indecente, indigno, grosero, insolente… y no sé cuantos adjetivos peyorativos más, cabría calificar ciertas actuaciones de aquellos que debieran servirnos de ejemplo de comportamiento medido, educado, límpido, honesto, virtuoso, digno, equilibrado, serio, concienzudo, cristalino… y tampoco sé cuántos adjetivos meliorativos más.

Si los dirigentes se comportan así, ¿qué cabe esperar de aquellos a quienes tienen abducidos? Quizás sea que en el maquiavelismo más entregado del que son capaces quienes así actúan -o sea, prácticamente por acción u omisión, todos ellos- piensen que son protagonistas de una nueva entrega de “Juego de tronos“, de “Borgen“, de “House of cards” o de cualquier otra creación de entretenimiento. Alguno de nuestros dirigentes actuales antes de tocar los cielos habló con complacencia de éstas con las que comparó, con la suficiencia que le caracteriza, el ejercicio de la Política. No engañó a nadie, como se ve.

El Senado Romano se componía de ‘patres‘ (los patricios) y de ‘conscripti‘ (los plebeyos), de ahí la expresión acuñada de “Patres Conscripti” que englobaba en ella a toda la Curia romana, o sea a todos los Senadores. Si contemplamos la historia del Imperio que nos dio nuestras lenguas y toda nuestra cultura podemos ver cómo hubo ‘conscripti’ que lograron hacerse con un sitial senatorial para desde él poco a poco ir arañando privilegios propios de los patricios, pero eso sí sin perder el discurso que los catapultó hasta los Cielos. Han pasado los siglos, pero no han variado los comportamientos.

“Desnortado” [des]CONFINAMIENTO (temporada 10)

Van ya 10 semanas de confinamiento, ahora rebajado que es algo así como una bebida fuerte aguada con un poquito de paseo regulado. Lo acepto como no podía ser de otro modo porque creo que no tengo otra opción, aunque he de confesar que cada día o semana que pasa me siento más y más desorientado, confuso, perdido, estúpido, desnortado… ¡Hay tantas cosas que no entiendo!

No soy político, jamás la organización de la Sociedad ha estado entre mis aficiones. Nutridos grupos de personas, entiendo que bien preparadas y decididamente vocacionales, llenan las asambleas y las tribunas de los pluriabundantes Consejos de Gobierno de Ayuntamientos sean estos minúsculos, medianos o más grandes, al igual que los correspondientes de Diputaciones provinciales, Cabildos insulares, Comunidades autónomas hasta llegar, en lo más alto de la pirámide, al del Parlamento español. Estas personas, especialmente preocupadas por nuestro bienestar, se dicen unas de izquierda, otras de derecha, con variantes en ambas franjas: extrema izquierda, extrema derecha, independentistas, nacionalistas, regionalistas, constitucionalistas… y no sé cuántas opciones más. Me parece bien y pese a que de vez en cuando veo que entre ellos se pelean (bueno, casi siempre; en fin, mejor cabría decir que constantemente) no me preocupo mucho porque entiendo que todos, sin excepción, se ocupan de mis / nuestros problemas.

Últimamente me surgen dudas sobre su actuación respecto a la dichosa pandemia. La verdad es que me marean y desconciertan las recomendaciones y contrarrecomendaciones que desde esas instancias llegan hasta mí: no mascarillas – sí mascarillas; sí guantes – no guantes; hacer test es conveniente pero no esencial – si no haces tests suficientes seguirás confinado sine die; salud por encima de la economía – economía por encima de la salud; y todo así.

Pero lo que más me ha despistado y justifica el título de esta entrega es el hecho de que todos nos dijeron que no había que mezclar la lucha contra la enfermedad con la política, que las responsabilidades políticas de la gestión habría que pedirlas y responder de ella una vez vencido el Virus, y de la noche a la mañana me encuentro con que a estos responsables políticos en el ejercicio del poder o en la oposición sólo les mueve la política y están utilizando la pandemia de mera excusa y auténtico rehén para sus pretensiones. Me pregunto: ¿Qué tiene que ver con la salud, la derogación inmediata de leyes laborales?, ¿Qué tiene que ver con la salud que se vuelva a reunir una mesa política?, ¿Qué tiene que ver con la salud que de inmediato caiga un gobierno?

No sé, no sé…, todo este bullicio exterior al que contribuyen. ¡y mucho!, los medios de comunicación me da dolor de cabeza, me marea, me está comiendo las neuronas, mi inteligencia veo que disminuye (¿o es la de ellos?)… Pero luego vuelvo a escucharles cómo, impertérritos, aseguran sin mover un músculo que todo se va a arreglar, que lo estamos haciendo muy bien, que ellos todo lo hacen por nuestro bien, que no hay que mezclar salud con política, que las responsabilidades políticas habrá que pedirlas cuando… O sea, lo de siempre. Ya te digo estoy cada día mas perdido, completamente desnortado.

Lengua, Educación y Cultura

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Donde mi alma encuentra reposo y mis pupilas el cálido arropo de la letra impresa ∼Carlota Gastaldi Mateo∼ PREMIO NACIONAL de Periodismo 1995 (14 ed.)

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